28 de febrero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Desde Armenia

14 de mayo de 2011
14 de mayo de 2011

Por estas calendas el Gimnasio Inglés, ahora llamado ampulosamente G.I. School, cumple 20 años de fecunda labor en beneficio de  quienes tienen 1 un millón de pesos mensuales más otras arandelas por cada pobre estudiante.

Su trabajo es muy importante y han preparado integralmente a muchos de sus muchachos para que entren al mercado universal con una preparación básica de importancia, eso no tiene duda, pero acceder a su elitista circunscripción no puede considerarse como un establecimiento concebido para masificar el segundo idioma y menos en beneficio de toda una comunidad.

Allí sólo los que pueden y eso está bien.

En el sector de la educación, enrutada hacia la privatización en todos sus sectores, no se debe confundir un establecimiento educativo de primera categoría como el G.I. con el deber que tiene el estado de preparar a sus futuras generaciones en áreas  que las conviertan en  competitivas.

Salir a pregonar que el segundo idioma había sido excluyente y que esta problemática se ha solucionado con la participación en el departamento  del G.I. es una insensatez.

El segundo idioma es para muy pocos con la grave situación del pobrísimo interés de las autoridades educativas de este país en consolidar una formación integral de categoría.

El acceso a la segunda lengua es de privilegiados.

Bien por el G.I. pero que no nos vengan a decir que fue fundado como una entidad altruista que  ha logrado reducir los privilegios y que la exclusión de acceso al inglés es cosa del pasado.

El G.I. es orgullo de  una élite de altísima alcurnia económica, nada más, donde sus vástagos tienen el derecho de acceder a una educación de gran factura, pero  jamás es un engranaje importante para la democratización de una segunda lengua en el Quindío.

El altruismo del veinteañero Institute podría traducirse en unas masivas becas anuales  para niños de escasos recursos que se destaquen por su inteligencia y capacidad de avance en su formación, como lo hacen, esos sí altruistas, hermanos maristas con su famosa escuela Champagnat.

Felicitaciones al G.I. por sus 20 años, que cumplan muchos más, pero que sus voceros no nos vengan con el cuento de que han sido altruistas, con alto sentido social y que acabaron con la exclusión, porque por el contrario son excluyentes, elitistas y sin ningún sentido social. Tienen, por supuesto, la razón porque no están para hacer obras de caridad, no son entidad de beneficencia y su labor es educar heliotropos y conseguir plata. Hay ricos vergonzantes que se han tirado al abismo cuando no pueden tener a sus párvulos en el G.I. porque estar ahí, presuntamente, les da caché y  figuración, aunque el 80% de  la gente no sabe eso qué es.

Quienes no hayan educado a sus hijos en los últimos veinte años en el G.I. no existen para la sociedad y  en sujetos de segunda mirados con desdén por la precaria y muy pobrísima autodenominada elite que a lo mejor lo único que tiene es plata.

El G. I. no es el redentor de la segunda lengua en el Quindío,  eso no tiene discusión.