18 de septiembre de 2021
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Un fenómeno urbano llamado Bolero

3 de abril de 2011

Este consumado “bolerólogo”, que en el gobierno del presidente  Rafael Caldera fue director del ‘Coniciy’ (equivalente a Colciencias en Colombia), escribe muy bien sobre música y fútbol, en una  columna del diario El Universal, de Caracas.

Amigo inseparable de la modestia, Avalos plantea que “en el bolero, lo sé yo a pesar de mi precaria cultura musical, que es casi una incultura musical, somos educados desde el punto de vista sentimental; allí aprendemos la necesidad del otro (o de la otra, según corresponda). Cualquier bolero equivale, pues, cada uno en su estilo, a la búsqueda eterna del amor, condensada en la píldora de un esquema narrativo capaz de contar, en apenas tres minutos, lo que una novela refiere en más de trescientas páginas”.

Para este académico que tiene buenos amigos en Colombia, “el bolero, fenómeno urbano por excelencia, nada tiene que ver con divisiones de clase, género, raza, nacionalidad, edad o religión; antes por el contrario, proporciona un espacio cultural común, en el que una multitud de públicos pueden sentir lo que un sociólogo peruano identifica como “su propia historia, su reserva afectiva, su metáfora social”.

En su “Drama privado para bolero y orquesta” (título que le acomodó al  texto que rescatamos) el profesor Avalos plasmó toda la devoción que le inspira la más tierna partitura de la canción romántica:

“En el principio fue el verbo, dice la Biblia, (pero él le enmienda la plana al Libro de los Libros): en el principio fue el beso, señala, y el beso se hizo verbo y el verbo sonó a música y se hizo bolero. Y, desde allí, continúa desafiando las religiones que en el mundo son: el bolero, subraya, es el salmo de una liturgia ofrendada a un amor que es una verdadera divinidad. El bolerista es teólogo, misionero y oficiante de un ritual nocturno cuyo incienso es un aroma a ron, tabaco y besos. Y, al borde, ya, del cisma, como un Lutero cualquiera, añade que la iglesia de este cabaret es el bar, verdadero territorio liberado… y la feligresía de esta religión la componen los convencidos de que si existe la vida después del despecho, dicho esto bajo la inspiración de San Agustín Lara, el santo compositor mexicano”.

Al ponerse en un plano más terrenal, Avalos le hace la segunda al gran flaco Lara, el de María Bonita, para argumentar que “el bolero es desfachatadamente multiétnico, pluricultural, democrático, protagónico y participativo. Es, sigue, una exclamación pura y desgarrada de todo ciudadano mayor de edad y de este domicilio latinoamericano y en pleno uso de sus facultades para enamorarse y enamorar, ilusionarse y alucinar, traicionar, despecharse, emborracharse y, sobre todas las cosas del mundo, recomenzar y enamorase, una y otra vez, como si fuera esta noche la última vez. Tan de estos lados es el bolero, nos recuerda, que lo cursi (incluido el bolero, claro) es la única elegancia históricamente posible en el subdesarrollo y que cualquiera que sea romántico tiene un fino sentido de lo cursi y no desecharlo es una posición de inteligencia”.

Recuerda que el catalán Joan Manuel Serrat  dijo alguna vez que el bolero es la mejor expresión de la filosofía latinoamericana.

La apostilla: Para el musicólogo venezolano,  “el bolero seguirá siendo un espejo que refleja nuestras pequeñas grandezas y nuestras grandes miserias, porque de un modo impreciso el bolero es eterno (aunque el amor es eterno mientras dura, según el brasileño Vinicius de Moraes, y en cosas de amor, la eternidad suele durar tres meses”.