8 de marzo de 2021
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Sobre Jorge Eliécer Gaitán

30 de abril de 2011

Se repitió mucho el tema de ‘la restauración moral de la República’, el de ‘la marcha por la paz’, y el de lo lamentable que se haya frustrado sus propuestas como Ministro en los temas de tierra, de reforma al sector financiero o de reorientación del Estado.

Eso permitió comparar una actividad política alrededor de propuestas y objetivos por una persona rica en su formación humanista y académica, con la pobreza de la politiquería actual donde no se presentan sino ‘jugadas’ alrededor de alianzas, avales, y cuotas.

Destaco lo que el profesor Víctor Manuel Moncayo analizó como aspectos de la formación y el pensamiento de Gaitán más que sobre su activismo proselitista.

Su origen o extracción como hijo de una maestra y un librero que ensayaba a hacer publicaciones caracterizaría el estrato y el ámbito donde más esperanzas puede tener Colombia; donde se forman los líderes con conciencia social y contacto con nuestras realidades, no es entre los privilegiados que tiene asegurada su alta educación y pueden ingresar y regresar de Harvard con recetas supuestamente válidas para cualquier país; donde se encuentra la mayor fuerza que tiene la Nación es en esa clase media que se forja a base de sacrificio y de esfuerzo y que por el contexto en que vive busca en el estudio la superación.

A lo largo de su carrera no sobresalió en ninguna de las materias propiamente de Derecho; en cambio se distinguió en las ramas humanistas, teoría del Estado, sociología, filosofía. Incluso, su tesis de grado no fue sobre nada que lo relacionara con la profesión que estudiaba sino llevó por título ‘Las ideas socialistas en Colombia’, mostrando su vocación y, tanto en cuanto a orientación como a dedicación, lo avanzado que era tratar esos temas en sus primeros escritos en un momento en que aquí probablemente poco se hablaba o conocían las tesis de Marx o el desarrollo de la revolución soviética.

Después siguió sus estudios en Roma, en ese momento la meca del Derecho Penal, y tuvo como profesor al más reconocido entonces y aún ahora maestro en esa rama, el profesor Enrico Ferri (incluso se ganó el premio que lleva su nombre).

Ahí concilió su inclinación con lo que a la sazón estudiaba gracias a la reivindicación que existía del Derecho Penal Positivista como alternativa a la corriente individualista o subjetivista prevaleciente; el planteamiento que el delincuente no nace espontáneamente y que la delincuencia no se reduce a un problema moral del individuo, sino que se genera en un contexto social y económico que lo enmarca, coincidía con su inquietudes sociales y políticas.

Creyó entonces que con el poder del Estado como instrumento podría cambiar la sociedad y se dedicó a la política. Cómo le fue, es conocido.

Pero en estos tiempos en que la corrupción pareciera culpable de todo mal y solo se piensa en medidas represivas, qué falta hace un líder con visión y preparación que, interesado en algo más que estrategias electorales, entienda que el problema no es de unos ‘malos’ que perturban nuestra sociedad, sino de un modelo económico y social que los genera.