27 de febrero de 2021
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Orlando Cadavid Correa
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Se las canto, Señor Presidente

23 de abril de 2011

Es decir que entre los casi tres millones de damnificados del invierno y los 3.600.000 desplazados que hay en país por el conflicto armado, según cifras de la Corte Constitucional, hoy hay en Colombia cerca de siete millones de personas sin ningún tipo de futuro y viviendo a la buena de Dios. Esa es la Colombia que nos tocó en suerte.

Todo lo anterior, mientras que en ciudades como Bogotá y Medellín hay apartamentos que valen hasta $120.000 mil millones de pesos.

Muchos de los propietarios de dichos apartamentos son los mismos que en temporada de Semana Santa –porque no puede llamarse de otra forma, puesto que el sentido religioso de la misma se perdió hace mucho tiempo- pasan orondos por el lado de los damnificados y prefieren mirar para otro lado, tratando de ignorar una realidad que los abofetea. Otros prefieren visitar Miami, “porque es que la Costa está imposible con tanto damnificado pidiendo limosna”. Algunos optan por Europa porque “es que a Miami se lo tomaron los cubanos, y qué pereza”.

La tragedia invernal no es culpa solo de la naturaleza, a la que las autoridades cínicamente le atribuyen toda la desgracia. Es también producto de la ineptitud de administraciones departamentales y municipales que prefieren tener la plata engordando en una fiducia en lugar de destinarla a quienes se están muriendo de hambre y frío, pues les gana el susto de que mañana la Procuraduría les abra una investigación por presunta malversación de fondos.

La tragedia también es producto de la corrupción, que tiene ahogado al país, más que el propio invierno. Perdóneme la expresión, amable lector, pero ¿qué carajos hace un alcalde comprando docenas de fotocopiadoras con los recursos del invierno? ¿A qué le piensa sacar fotocopias? ¿A los niños raquíticos que agonizan a la entrada de su despacho? ¿A los cuerpos inermes de cientos de novillos y de vacas que pasan por la plaza del pueblo con la panza al aire, en una especie de danza macabra en la que los únicos contentos son los gallinazos que a picotazos les arrancan las tripas? ¿O es que quizá las piensa adaptar como canoas con motor fuera de borda para evacuar a los damnificados que suplican su asistencia?

Mientras los ineptos se cruzan de brazos y los corruptos hacen fiesta con nuestra plata, los damnificados del invierno siguen esperando la asistencia de un Estado que nunca llega, a pesar de que el presidente Juan Manuel Santos anunciara que se iba a juntar el invierno de noviembre con el de abril.

Y se las canto, Señor Presidente: al paso que vamos, el invierno de abril se va a juntar con el de noviembre y éste con el de abril del próximo año. ¿Sigo? Y el de abril del próximo año con el de noviembre. Y así por los siglos de los siglos. ¿Y sabe por qué ello es así? Porque no basta con anunciar las calamidades para evitarlas. Mientras los ineptos y los corruptos sigan accediendo a los recursos destinados para los damnificados, la emergencia se mantendrá y crecerá. No le dé más vueltas, señor Presidente. Es allí donde tiene que meter mano si no quiere que el inri de su gobierno termine siendo la incapacidad para manejar y superar la tragedia invernal.

PD: Vergonzosa impunidad. El asesinato de Julio Daniel Chaparro y Jorge Torres, entonces cronista y fotógrafo de El Espectador, respectivamente, hace veinte años, podría quedar en la impunidad si tan execrable hecho no es considerado de lesa humanidad. Por increíble que parezca, dos décadas no han sido suficientes para saber quiénes dispararon y por qué contra Julio Daniel y Jorge. Es una vergüenza para nuestro sistema judicial que nadie responda por dichos asesinatos, como nadie lo hace tampoco por los de miles de colombianos anónimos que todos los días caen abatidos por “fuerzas oscuras”, como eufemísticamente las llaman las autoridades. ¿Cuándo sabremos los colombianos quiénes conforman dichas “fuerzas oscuras”? ¿O es que lo sabemos y no nos atrevemos a denunciarlas? El Heraldo, Barranquilla.