26 de septiembre de 2021
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La castración ideológica de Gaitán

9 de abril de 2011

…pero muy poco se debate su plataforma política, sus ideas transformadoras y su peculiar forma de ver el socialismo y la democracia.

La historia de la colonización española en Colombia es un dramático relato de los abusos cometidos contra los indígenas en nombre de la iglesia y el rey, aupados por los criollos. Luego de la independencia, éstas practicas  continuaron durante dos cientos años más con nuevas dinastías, que aun hoy, mantienen sus privilegios en complicidad con los oligopolios económicos nacionales y transnacionales. Este status quo se ha mantenido a través  del conocido fetiche de los buenos contra los malos: ateos contra católicos, clericalistas contra militaristas, liberales contra conservadores, o como en la actualidad: entre terroristas y demócrata-capitalistas.

Gaitán nos reveló que la historia de Colombia era  diferente. Que incluía un sólo capítulo dominado por la explotación, la inequidad y el abuso que se convertían en privilegios para los ricos y la exclusión de los pobres. Gaitán habló de la brecha entre poseedores y desposeídos y de cómo las dinastías políticas en contubernio con los detentores del capital, estaban formando oligopolios. Por eso denunció como el mayor peligro para el desarrollo del país el asentamiento de la “oligarquía”, término que aún es obsceno para las elites colombianas, pero para el caudillo popular era su grito de guerra. El país no estaba dividido entonces entre buenos y malos, sino entre ricos y pobres. Como hoy.

Gaitán era un hombre pequeño,  de baja estatura, con un pésimo gusto para vestir, pero una agradable conversación y poseía una exquisita cultura. La burguesía lo consideraba un advenedizo que amenazaba las costumbres de la política tradicional, basada en los nombramientos a dedo (por “bolígrafo” llamaba a esta práctica la prensa liberal), las discusiones en los clubes de golf, los cafés de la carrera séptima o las redacciones de los periódicos. Gaitán llevó  la política a la plaza pública, a las clases populares que no tenían educación, salud, servicios públicos, seguridad y se hacinan en inquilinatos o en los barrios del lumpen. En esos barrios los mítines de Gaitán eran una auténtica fiesta que rompía con la monotonía, especialmente a través de la radio. Las arengas del caudillo, sazonadas con dichos populares, lo unían profundamente a su pueblo y era el único político que reclama ser uno de los suyos. Y que además se les parecía físicamente. En la tribuna pública se transformaba, su relación con las masas era profunda, casi espiritual. Una anécdota cuenta que cuando llegaba a su casa le solicitaba a su esposa Amparo que le relatara que había dicho en sus discursos, porque él no se acordaba.

Revisando sus discursos, nos encontramos con ideas realmente transformadoras, todas fundadas en la democracia y las reglas republicanas. Siempre se alejó de los comunistas que le proponían tomarse el poder violentamente: ”Hay que restaurar la democracia en lo político, la democracia se expresa por la libertad que exista para hacer oposición a las fuerzas que tienen la personería del estado. En un régimen democrático la existencia de la oposición no se explica ni por generosidad, ni por benevolencia de la fuerza gobernante. Es apenas expresión del funcionamiento de la democracia, que así limita, contiene y estimula al que manda, sustrayéndolo a la posibilidad de cualquier abuso” escribia en su programa presidencial. En su tesis de grado Las Ideas Socialistas En Colombia, cuando aún no cumplía los 21 años de edad, mostró una precoz vocación por el poder: “De la diferencia en esta nueva y obligada interpretación que ha impuesto una nueva economía, nacen las dos únicas fuerzas de realidad política evidente: derechas e izquierdas, o lo que es lo mismo individualismo o socialismo. Cualquier denominación política estará nutrida por uno de estos dos criterios. Y en el funcionamiento del estado esas fuerzas de equilibrio están representadas por la autonomía de las funciones que son propias a cada una de las ramas del poder público, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, en orden a la armonía de un estado de derecho”.

A su regreso de Roma inició su fulgurante carrera política y fue concejal, ministro de trabajo y educación, alcalde de Bogotá, rector de la Universidad Libre y candidato presidencial por el Unirismo. Cuando el partido gobernante fue derrotado en las urnas, los barones liberales reconocieron su lucha y le entregaron las llaves de la dirección liberal, que le enviaron con el mensajero. Recibió acusaciones de demagogo, populista, negro, indio y hasta fascista, porque ciertamente observando al Duce desarrolló su potente discurso popular. Y hasta de oligarca, porque se transportaba por todo el país a increíble velocidad en un Buick. Su hija Gloria recuerda: "Fue un intelectual importante; estudió en la escuela positiva relacional, se graduó con honores en la escuela de Enrico Ferri, considerado el mejor penalista del mundo y su tesis de grado fue laureada. Estudió elementos como la singularidad física y astronómica. Sus tesis fueron aceptadas en la Academia de Bremen. Era famoso a escala internacional. Pero él no quería exponer sus teorías sino ponerse al servicio del pueblo, hacerse oír”. El histrionismo que le acercaba al pueblo, tendía a alejarlo cada vez más de la figura respetable que en el fondo anhela ser.

Propuso una revolucionaria reforma agraria, donde los campesinos planificarían los cultivos por aéreas, recibiendo créditos directos y en subsidios familiares, con el propósito de que los niños del campo estudiaran y las casas fueran limpias. “Mucho hemos hablado del problema de la tierra, pero las buenas intenciones no corresponden a la realidad operante, pues al contrario, nadie ignora que las normas legales expedidas sólo lograron colocar en peor situación a trabajadores y propietarios” decía el caudillo. Como penalista fustigaba a los jueces, abogados y policías, prometiendo una revolución judicial para sacarla de las garras de la corrupción y era perfectamente conciente de su poder sobre las masas y su papel político: “Dirán que es un gran mandatario o un mediocre gestor, no por la forma como cumplió un plan para un fin, sino como actuó por si mismo. La historia de la administración pública es la historia de sus hombres. Es el individualismo en la administración, reflejo del individualismo en la economía general, en la sociología”. Sin embargo, no se asustaba cuando sus cercanos colaboradores le confesaban sus temores por un posible atentado, pues solía caminar sin guardaespaldas: "A mí no me mata ninguna mano del pueblo, y si me matan, la oligarquía sabe que el país se para y eso durará mucho más de 50 años. Yo no soy un hombre, soy un pueblo, por eso digo que no me matan". Y lo mataron, pero aun después de 63 años, aun el pueblo colombiano no alcanza la paz, tampoco la equidad ni mucho menos el desarrollo, pues mientras la distribución de la riqueza siga en las mismas manos.

Gustavo Gaitán Thornee es consultor de comunicación política, periodista, escritor y mercadotecnista; radicado en Ecuador. Puede comunicarse con él en [email protected]