18 de septiembre de 2021
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Isaza, ¡quítame esos cueros para poder descansar!

10 de abril de 2011

Los guerrilleros siembran estos artefactos usando frascos que rellenan con un explosivo llamado R1. Al final se le adiciona una gota de ácido en un inyector y se camufla con hojas secas. Cuando se pisa la mina, el ácido cae sobre la mezcla y explota. Lo hacen artesanalmente, casi siempre, quienes conforman la retaguardia, cuando sienten que son seguidos por el enemigo.

Ellos mismos han caído en sus propios campos minados, siendo víctimas de su propio invento. Familia , el guerrillero que me secuestró el 5 de agosto de 2000 en Riosucio, Caldas, murió al pisar una mina de estas. Tenía la piel de ébano y cerca de 32 años, 20 de ellos en la guerrilla.

Nos encontrábamos en la boca del río Tamaná, en el Chocó. En aquella ocasión, Familia cazó un armadillo y las porciones de carne que se repartieron fueron tan escasas y pequeñas que solo aumentaron mi hambre. Ante la apremiante situación, Isaza organizó una comisión para ir a buscar víveres. La integraron Felipe, Morroco, Johny, Familia y el mismo Isaza.

Ocho días después regresó la comisión. El arribo fue una fiesta y la algarabía fue total en el campamento. No vi a Familia y advertí un secreto insistente entre sus camaradas. Pensé que lo habrían "ajusticiado", como suele suceder en las Farc. Nunca me contaron lo que sucedió. Solo después de la fuga, Isaza -el guerrillero que me ayudó a escapar- me contó así la cruel historia de aquella travesía en busca de comida:

"Familia se me adelantó en un sitio llamado Pital, sobre el municipio de Nóvita; pasábamos por unas plataneras donde había un viejo campamento del Ejército Revolucionario Guevarista, cuando de pronto se sintió una explosión. Corrimos a ver qué pasaba y cuando llegamos vimos a Familia sentado, recostado contra un árbol de guamo grueso, y las patas le colgaban a la altura de las dos rodillas. Sólo las unía un pedazo de piel. ¡Yo chillé al verlo en esas condiciones!

Le hice un torniquete con un pedazo de tela. No teníamos drogas ni siquiera para el dolor y él se quejaba a grito entero. Entonces les ordené a dos guerrilleros que lo llevaran cargado a un ranchito, cerca de donde estábamos para hacerle un lavado. Sabíamos que no podíamos hacer nada y que moriría allí.

Nos quedamos en ese sitio para madrugar al otro día y emprender la marcha hacia la casa de la persona que nos ubicaría la remesa. No pudimos dormir esa noche porque sus gritos eran insoportables. " Isaza, ¡quíteme esos cueros para yo descansar!", me imploraba. Así que decidí hacerlo con un machete que me prestó Morroco , pero me cogió una tembladera horrible. Finalmente corté los cueros que unían los huesos; con mucho cuidado.

Eran ya las seis de la mañana, teníamos que partir y Familia seguía vivo. Le hicimos una caleta, lo cubrimos con su cobija de cuadros rojos y azules, y cuando nos despedimos, nos abrazó llorando. A los tres días pasamos de nuevo por el mismo sitio y encontramos su cuerpo metido en una quebrada. Lo recogimos, lo cubrimos con su cobija, lo envolvimos con un plástico negro y le echamos tierra encima".