27 de febrero de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Historia de la universidad

22 de abril de 2011
22 de abril de 2011

Hizo la entidad el esfuerzo de no pasar en blanco su aniversario que valida muchas decisiones políticas y académicas, y muchos sueños que se cumplieron. Todavía bajo la tutela del gran Caldas confluyeron unas voces reconocidas, y otras injustamente olvidadas, para que los quindianos fuéramos construyendo nuestra propia identidad antes que la sumisión nos hundiera en el olvido. La iluminada clarividencia de unas cuantas personas antes de la secesión (Euclides Jaramillo, Otto Morales, Darío Leyva, entre otros), perfilaron la idea de la universidad como el reducto apropiado para alcanzar esa homogeneidad quindiana tantas veces deseada.

Rojas Arias rastreó cuidadosamente los orígenes de Uniquindío sin ahorrar consultas en entrevistas, papeles privados, diarios y semanarios de la época. Desde el principio él nos permite advertir que la concepción de la entidad como una obra de vanguardia, como una empresa central para el desarrollo educativo de la región, fue una visión genuina de los fundadores. Se vio desde entonces que la educación debía ser la locomotora en favor del progreso, y se estaba hablando de ello en los años 1953 a 1962, una década toda sembrada de penas e intolerancias en torno a la violencia.

Lo que mueve la atención, después de leer esta importante noticia histórica cuyo regalo se merecía nuestra sociedad, fue precisamente esa confluencia de épocas. Creada en el mismo periodo en que la Violencia Bipartidista estaba en su punto, pareciera entonces que la universidad se hubiese instituido como una forma de atenuación del conflicto. Siempre aparece ostensible este deseo en los escritos de los fundadores. La idea de abrir un compás de tolerancia, quedó establecido con claridad —con alguna sorpresa que por ejemplo me llegó de repente: entre todas las fotografías del libro aparece una página (la 74) donde calarqueños de los dos partidos están haciendo donativos para la nueva institución, dejando atrás sectarismos nacientes. Este testimonio gráfico dice mucho más que las palabras en torno a la explicación que hemos ofrecido.

No obstante, nadie niega que la calidad de la universidad haya sufrido de altibajos. Cuando el sistema político se ha apoderado de sus estamentos, dejando una cola de clientelismo y contratismo que mucho daño ha causado a su funcionamiento, se notaba un retraso, principalmente observado en el puesto asignado en el escalafón de las universidades colombianas. Ahora se requiere un nuevo impulso para ganar reputación, y grandes cantidades de perseverancia y exigencias para darle forma a mayores logros regionales. Tal parece que las cosas empiezan a cambiar recientemente en forma bastante prometedora.

La historia es pues el testimonio de una voluntad de cambio y de avance: esta que registra el libro de Miguel Ángel Rojas Arias, fruto de su aproximación con Alfonso Londoño y el consejo superior, es apenas un mojón que habla bien de un pasado irreprochable, pero que al mismo tiempo incita y estimula a que dentro de otros años las memorias del futuro se sientan mas recompensadas por la excelencia académica de lo que ha sucedido hasta ahora. Crónica del Quindío.