1 de marzo de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

En un reino no tan lejano…

16 de abril de 2011
16 de abril de 2011

La obsesión por consolidar antes sus súbditos una imagen de trabajador incansable lo llevó en primer término a alargar las jornadas de los trabajadores, a trabajar los sábados y domingos, y sólo daba permiso para la asistencia a la misa dominical.

Le preocupaba mucho que sus súbditos lo vieran como un hombre arrojado, decidido y por ello implementó mano dura para todos los que se atrevían a alterar la paz del reino. Cuidaba mucho su imagen y como en su reino existían muchas provincias con culturas bien diferentes, cada vez que visitaba esas regiones, comía y se vestía de acuerdo a las tradiciones que tenían sus gentes, lo que hacía subir de una manera impresionante su popularidad.
Su debilidad era el poder y ante la obsesión de que alguno de sus ministros pudiera capitalizar fama en el ejercicio de sus funciones, siempre nombraba ministros fieles a su majestad y creó una red numerosa de espías que deambulaban por el reino buscando a los súbditos que se atrevían a señalar algún inconformismo hacia la monarquía. Pero el monarca furi-bundo se fue haciendo viejo y al estar cansado, lo reemplazó su hijo, que era el ministro de la guerra.
Pero muerto el monarca, muchos súbditos levantaron su voz de protesta y fueron apareciendo denuncias sobre la cantidad de muertos que hubo y la actitud del nuevo monarca fue la de ofrecer un gobierno mucho más moderado y prometió solucionar el problema de la red de espías, sobre la cual existía tanta inconformidad.
El nuevo rey, de carácter apacible, fue llamado “El santo”, para señalar la diferencia que había con su difunto padre. Pero cuando todos esperaban la solución para la red de espías, se dio a conocer que dos serían las medidas a tomar en relación con los espías: en primer lugar, no poder obligar a los espías a declarar ante ninguna autoridad que no sea la del rey. La segunda, prohibir a cualquier persona comunicar, dar a conocer cualquier denuncia de un espía, bajo pena severa de encarcelamiento inmediato para quien difunda cualquier noticia relacionada con el espionaje.
Traducida la historia a nuestro reino, eso querría decir que los funcionarios que “chuzan” o hacen inteligencia y contrainteligencia, no estarán obligados a declarar ante ninguna autoridad, sobre sus actuaciones. Y lo otro, para completar, que la prensa no podrá hacer difusión de ninguna noticia, resultado de actividades de inteligencia del gobierno de turno.
Como quien dice: se acabaron los problemas de las chuzadas. Ya nadie podrá enterarse de lo que en ese ámbito oficial suceda. O sea, lo que no se conoce no existe.