28 de febrero de 2024

Cuando el parecer y el tener es tan importante.

27 de abril de 2011
27 de abril de 2011

Pero ese desmesurado afán por aparentar, por parecer sin ser, es, de alguna manera la otra cara de la moneda de un proceso que se inició con la destrucción del Antiguo Régimen. En la Antigüedad y la Edad Media, se nacía en una casta social y se moría en ella. Cada estamento o casta tenía sus límites y regulaciones en términos de moda e incluso gastronómicos. Por ejemplo, a los indios no se les permitía usar la seda en sus vestidos y la grasa de cerdo era para el exclusivo consumo de la aristocracia. En este orden de ideas, no era posible el aparentar ser de un determinado estamento sin serlo y era imposible además, aspirar a ser de un estamento diferente al que pertenecía al momento de nacer. Se nacía y moría en el mismo estamento.

Pero vino entonces la revolución, el iluminismo y todos los ismos como el racionalismo y hablaron de igualdad, libertad y fraternidad. Se declaró la muerte del Antiguo Régimen y rodaron las cabezas de muchos emperadores, símbolos del despotismo ilustrado. Se acabaron las castas y los estamentos y aparecieron las clases sociales. Entonces fue posible ascender en la escala social por medio del dinero y de la educación.
El descentramiento que se produjo con la llegada de la modernidad, de un régimen basado en el mito y en la religión (el poder de los reyes provenía de Dios), empoderó la razón, la libertad individual y una herramienta que abre todas las puertas del éxito: el dinero. Dinero que compra moda, que costea apariencia, educación; dinero que soborna y compra las conciencias y convierte en mercancía los más nobles sentimientos. Que lo diga el señor Berlusconi que con su fortuna compra la imagen de un potro desbocado y de un amo de harem de los que existen en el mundo de las mil y una noches.
Las ciudades se han convertido en grandes centros comerciales que sustituyeron los espacios públicos por la venta de mercancías y centros comerciales en donde la oferta de la misa dominical se realiza justo en la hora del almuerzo, en el sitio donde se ofertan las comidas.
No hay duda, ya no es tan importante el ser como el parecer. Ya no es tan importante el ser, pero sí mucho el tener, el poseer. De allí que siempre escucharemos: “tú puedes vestir como lo hacen los hombres o las mujeres de éxito. “Tú puedes degustar como lo hacen los hombres o las mujeres competentes”. “Tú puedes viajar en el vehículo imaginado, deseado.”
Y ese poder, es poder hacerlo sólo, porque cada ser humano es todopoderoso cuando se propone las metas que ha soñado. Y el mensaje es claro: no necesitas de los demás, del colectivo y si el otro que te necesita te aleja de tus sueños, hazte a un lado. De allí que se ha convertido en una meta de la educación el formar competidores mas no personas competentes. No puede entonces todo ser, competir.