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Wikileaks o el dedo en la llaga

16 de marzo de 2011
16 de marzo de 2011

Por: Albeiro Valencia Llano

albeiroLo mejor de escándalo de los cables de Wikileaks es la confirmación de las sospechas. La publicación a cuenta gotas de los 250 mil cables del Departamento de Estado, de Estados Unidos, desnuda los secretos de la diplomacia mundial.

Hoy el escándalo toma nuevos bríos en América Latina por la decisión de Wikileaks de entregarle una porción de los cables, con información clasificada, a El Espectador, Página 12 de Argentina, la Jornada de México y El Comercio de Perú.

El portal de Wikileaks y los nuevos escándalos

El Espectador empezó a revelar la información diplomática de los cables sobre Colombia, desarrollando los informes por temas y en un contexto adecuado. El primer documento (20 de febrero) se centra en el año 2006, muy tormentoso por los errores del proceso de paz con las autodefensas y por la flexibilidad de la Ley de Justicia y Paz, que  terminaron salpicando a los políticos. El tránsito entre el primer y segundo gobierno de Uribe ayuda a sacudir la política nacional.

Aunque los medios en Colombia ofrecieron bastante información sobre esos temas, mostrando la historia oficial entregada por el Gobierno y las verdades que lograban filtrar, a través de múltiples mecanismos, resultan muy valiosos los reportes que la Embajada de Estados Unidos hizo a Washington. En un delicioso plato se convirtió el largo informe que el embajador, William B. Wood, envió a su país sobre el vacío de poder del gobierno de Uribe y el desgaste de los políticos, a causa de las investigaciones que se estaban iniciando sobre parapolítica. Es muy interesante la letra menuda del proceso y llaman la atención las angustias y maromas del Alto Comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo.

Los cables muestran el cuidado que puso Washington al proceso de paz con las autodefensas; las observaciones de Sergio Caramagna, jefe de la misión de apoyo de la OEA, fueron muy acertadas. Se explica la división de los jefes paramilitares, muestra la formación de 22 nuevos grupos criminales, “integrados por excombatientes del bloque norte, con sus estructuras intactas y, en ciertas regiones, con cooperación de las fuerzas de seguridad”. Con mucha claridad se plantea el origen de las bandas criminales.

Pero se evidencia un hecho que da grima: el desfile de varios dirigentes políticos hacia la Embajada norteamericana, angustiados  porque les iban a quitar las visas. La preocupación era evidente por un artículo de la revista Cambio, donde se afirmaba que “a varios políticos les serían revocadas sus visas si no removían de sus listas a candidatos parapolíticos”. Los personajes que convirtieron la Embajada en un confesionario para cantar sus penas y angustias fueron, el entonces senador Mario Uribe, primo del presidente, el dirigente conservador Carlos Holguín  y el hoy gobernador de Antioquia, Luis Alfredo Ramos. El más preocupado era Mario Uribe, “necesitaba su visa porque tenía tres hijos viviendo en Estados Unidos. Por eso ofreció renunciar al Senado y a su carrera política si esa era la única manera de mantener su visa”. En estos días la Corte Suprema de Justicia condenó al Mario Uribe a siete años y medio de prisión, como autor del delito de concierto para promover grupos armados al margen de la ley.

De otro lado se abren nuevos interrogantes sobre la Operación Jaque. El informe oficial siempre aseguró que fue una “operación perfecta”, pero según Wikileaks la Iglesia tenía contacto con el carcelero de las FARC, Gerardo Antonio Aguilar, alias César. Y  la Embajada de Estados Unidos informó “sobre un presunto intento de acuerdo entre César, en ese entonces comandante del frente primero de las FARC, y el gobierno colombiano”. Lo anterior coincide con el comunicado que publicó el secretariado de las FARC, tres días después de la “Operación Jaque”, donde afirma que la fuga de los prisioneros “fue consecuencia directa de la despreciable conducta de César y Enrique”.

De acuerdo con lo anterior lo más importante de los cables es poner en duda la historia oficial de los últimos años. A lo anterior se le suma el escándalo que destapó  la famosa desmovilización simulada, en 2006, de 62 guerrilleros del frente Cacica La Gaitana de las FARC. En su momento este bochornoso hecho dejó muchas dudas y lo denunció la revista Semana, en marzo de dicho año, en un artículo que tituló: “¡Otro oso! Exageraciones y una que otra mentira le quitan fuerza a la desmovilización de 70 supuestos guerrilleros de las FARC”. El problema de los montajes radica en que cuando se descubre un “falso positivo” se duda de los verdaderos.

Relaciones entre diplomacia y  espionaje

Los 250 mil cables del Departamento de Estado muestran la doble moral de la diplomacia norteamericana; cuando se analiza el carácter de la información enviada por 181 embajadores se entiende la esencia del servicio exterior de los Estados Unidos. Se hace evidente la hipocresía del mundo de la diplomacia pues en lugar de fortalecer las relaciones de cooperación con las naciones, los embajadores norteamericanos recogen datos sobre la vida personal de gobernantes y líderes, ponen zancadillas, trampas y siembran dudas, para justificar conflictos y guerras.

Los embajadores del Tío Sam desprecian a todo el mundo; para ellos los gobernantes de Rusia, Francia, Italia y España, son “inestables, vanidosos y poco confiables”. Los documentos muestran la estrategia de los Estados Unidos para que los mandatarios se dobleguen y se acomoden a sus políticas. ¿Qué pasará con la diplomacia norteamericana? Es innegable que las filtraciones le vienen haciendo un profundo daño. Para los gobernantes es muy claro que Estados Unidos no tiene amigos sino intereses y ya no lo consideran un socio honesto y confiable, porque es muy delgada la línea que separa la diplomacia del espionaje.