20 de septiembre de 2021
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Repaso veraz sobre una red de picardías

24 de marzo de 2011

No tiene una plataforma de principios, carece de predicadores, es una erisipela de manzanillos que se acomodó bajo los toldillos del poder. O tal vez sí tiene explicación. El uribismo es un forúnculo en esta pobre democracia. Ocho años de gobierno dejaron huellas del más revulsivo abuso del ordenamiento legal.

El 90% de los gobernadores elegidos bajo la protección del Virrey resultaron ser unos pillos. El 50% de sus parlamentarios están en las mazmorras por múltiples transgresiones a la ley. Uribe está signado de probadas delincuencias. Anticipadamente sabemos que será absuelto de sus múltiples desvíos por la Comisión de Acusaciones de la Cámara, indigno cenáculo de impunidad. En cualquier país del mundo, el escándalo de los "hijos del ejecutivo" enriquecidos con la velocidad de un rayo, habría desatado una tempestad, ¡claro! menos en Colombia. Uribe descaradamente se burló de la ley, sosteniendo a ministros y embajadores sub júdice. Degradó la Casa de Bolívar en guarida para conciliábulos nocturnos con reconocidos antisociales. Bajo su mandato, notarios y registradores se transmutaron en asaltantes de la propiedad privada. Permitió, en sus físicas narices, que Bogotá irradiara como epicentro bochornoso de las "coimas". Auspició persecuciones ocultas contra magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Fue destapado -por fortuna- el montaje con un bandido apodado Tasmania para poner en entredicho la acción investigadora de los jueces. Aceptó que nuestro dinero fuera a parar en la ávida faltriquera de los ricos a través del despreciable programa "Agro Ingreso Seguro". En la deshonestidad de esta política oficial se gastaron quince mil millones en mera propaganda. Cómo olvidar el desangre por las cañerías del crimen de las "regalías" convertidas en arterias rotas en beneficio de los villanos. ¿El gobierno anterior no vio, no olió, no escuchó, no sintió los ensordecedores tsunamis que produjo tal rapiña en el país? En su ambición de perpetuarse en el poder, manipuló un parlamento de mayorías dóciles, moviéndose por entre las líneas blancas del Código Penal. No pasa una semana sin sorprendentes descubrimientos de las fechorías cometidas por encopetados funcionarios del desgobierno anterior. Delegó en altos funcionarios la maquinación de "las chuzadas", torticero desvío de los limpios objetivos de un Estado. Uribe se burló de la justicia al buscarle a convictos asilo diplomático. Sus dos cuatrienios pasarán a la historia como la inmoral administración de los "serruchos".

¿Después de ocho años de su imperio, cómo dejó al país? Recuerden las desoladoras imágenes televisivas, de la costa y otros departamentos, de la pasada ola invernal. Una tercera parte de Colombia está muy por debajo de los índices de miseria.

Los oradores que tienen que ver con la "doctrina" uribista dedican sus peroratas a demostrar inútilmente que los mandatarios de los departamentos no eran ladrones; que es injusta la condena de los parlamentarios comprometidos en ilícitos de lesa humanidad; que eran santificables sus alianzas con tenebrosos capataces de los grupos irregulares; que los ministros de entonces, del Interior y Salud, eran unas mansas palomas y así, sin pudor y con cinismo, aplauden y justifican lo que fue un pozo de criminalidad. A Rojas Pinilla lo condenaron por nimiedades microscópicas en comparación con los abusos gigantescos cometidos en el gobierno anterior. Fue pisoteada la moral pública, se cohabitó con el delito y la gangrena invadió el cuerpo de la patria. En el muy largo gobierno del señor Uribe, los pícaros se apoderaron del país.