28 de septiembre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

«La minería no puede ser susentable ni sostenible…»

13 de marzo de 2011
13 de marzo de 2011

La reunión fue convocada por la dirección del Proyecto Cultural de esta dependencia académica, en cuyo contexto se continuarán realizando debates abiertos de esta misma naturaleza para fortalecer los vínculos que se deben tender entre las diferentes disciplinas para el abordaje de temas complejos como este.

Durante el evento, que se desarrolló en dos jornadas y al que acudieron como panelistas invitados figuras destacadas en lo técnico, lo científico y lo ambiental  como la Ingeniera Guadalupe Salazar, Directora Ejecutiva de la Fundación para el Desarrollo del Quindío, el Geólogo y miembro de las Academias de Ciencias Naturales y Ciencias Geográficas Armando Espinosa y el también ingeniero y ambientalista de la Fundación Cosmos Néstor Jaime Ocampo, se integraron metodológicamente las modalidades de conferencia, panel y conversatorio, en el marco de la exposición fotográfica “Hombres que valen oro”, todas ellas bajo la coordinación de la citada dependencia.

En cada uno de estos espacios de participación se cruzaron diversas perspectivas interpretativas que incluyeron numerosos datos en cifras provenientes de diversas fuentes, sobre los que se argumentaron ampliamente posiciones encontradas acerca de temas tan candentes como las licencias ambientales, las regalías y su precariedad inequitativa, la constitucionalidad de la minería frente a lo consignado en el Código Minero, la soberanía nacional sobre el subsuelo,  la viabilidad de los distritos mineros, las concesiones mineras (que según señaló Néstor Ocampo, en el departamento del Quindío ascienden a un 64% del territorio, aunque estas aún no se encuentren en su fase de exploración, según argumentos de la Ingeniera Guadalupe Salazar), los megaproyectos y sus impactos sobre los recursos naturales, alimentarios y sociales, y todos aquellos aspectos que son vitales y críticos para la supervivencia de las comunidades asentadas en áreas de explotación, además de diversas consecuencias, en la mayoría de los casos irreparables, que  trae consigo la minería intensiva. Se discurrió igualmente durante la sesión, a manera de una necesaria contextualización de la discusión, acerca de la historia de la minería, tema sobre el que intervino el geólogo Armando Espinosa.

Algunas de las conclusiones y de las preguntas abiertas que se generaron en este contexto permitieron demostrar unánimemente que la actividad minera  no es ni ha sido nunca una actividad ni sostenible ni sustentable, poniendo también en crisis los siete principios de la responsabilidad social aplicada a esta labor económica millonaria (Ocampo), que se cumplen como una receta con pocas consecuencias plausibles.

Durante el debate, que tardó algo más de dos horas, se plantearon argumentos a favor de la responsabilidad social minera, pero también se objetaron los parámetros de medida que la definen y que se encuentran fundamentados unilateralmente en las políticas de organismos internacionales de regulación, los que fueron también fuertemente criticados, ya que no parten de las realidades concretas analizadas, como tampoco de las necesidades y condiciones particulares de los asentamientos locales afectados y de la administración “responsable” los recursos que no serán recuperables, ni durante ni después de la explotación intensiva,  sino que surgen de estadísticas basadas en la productividad y las lógicas del mercado.

Determinar si la minería tiene un lugar en el ordenamiento territorial y hacer visible la actividad minera informal, es uno de los propósitos de los Distritos Mineros que Guadalupe Salazar mostró como una alternativa para dignificar un trabajo que como el de los mineros, ha sido invisibilizado y menospreciado, sin embargo las replicas se manifestaron en dirección a que el nuevo código minero excluye, justamente a los pequeños empresarios mientras beneficia el ejercicio de la mega minería (Luz Estela Ramírez de la Asociación de mineros del Quindío), en medio de una legislación ambiental débil y procesos de  legalización inequitativos y ambiguos.

También se formularon en este importante encuentro, partiendo de necesidad de la minería de ciertos materiales prioritarios para la civilización, alternativas de viabilidad que permitan reducir la magnitud y la celeridad de las explotaciones lideradas en su mayoría por grandes firmas multinacionales, caracterizadas por sus políticas de depredación a toda escala y a nivel global. Una reducción de la producción de oro para la manufactura de objetos determinados como suntuarios frente a la imperativa necesidad de la conservación de los suelos y la biodiversidad, sería otra de las alternativas propuestas por Ocampo, quien afirma que esos recursos pueden perfectamente ser reutilizados por la humanidad luego de haberlos extraído de la tierra y no almacenados y atesorados mientras se le exige aún más al planeta.

De igual modo, al cierre de este encuentro, se señaló (Luz estela Ocampo) que, en nombre de nuevas y revolucionarias políticas postmodernas de desarrollo, a los mineros entendidos como integrantes de una cultura que hereda su oficio, no se les puede pretender cambiar su medio primario de subsistencia por otras alternativas empresariales ajenas a esa tradición, irrespetando así los valores y las costumbres que pese a que el símil parezca contradictorio y a veces chocante, realmente valen más que el oro y deberían estar por encima de los ajenos intereses de monopolio.