18 de septiembre de 2021
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Muerte a los pequeños productores de leche cruda

4 de marzo de 2011
4 de marzo de 2011

leche en cantina

El pequeño productor que vende menos de 200 o cien litros diarios de leche cruda para poder subsistir con su familia, tendrán que buscar otro empleo o morirse de física hambre en virtud del nuevo decreto que penaliza la leche en cantina.Vale decir, corre mejor suerte un bazuquero que envenena con droga a un joven que un campesino que comercializa la leche que saca de su pequeño hato. Es una gran injusticia.

Aurelio Montoya, director ejecutivo de la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, envió la siguiente nota al ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo:

Bogotá, marzo 3 de 2011

Doctor  
JUAN CAMILO RESTREPO
Ministro de Agricultura y Desarrollo Rural
Ciudad.

Señor ministro:

Decenas de organizaciones de la cadena láctea nacional me han encargado presentarle a Usted los reparos que tienen frente a la política sectorial que hace más de cinco años adelanta ese Ministerio. En concepto del gremio, dichas políticas ocasionan graves perjuicios a productores, consumidores, comercializadores y pequeñas industrias, y, como puede deducirse de su discurso en el pasado Congreso de Fedegan, tienen continuidad en el gobierno del presidente Santos.

La FAO señala que “la vulnerabilidad de los productores frente a los procesadores”, dado el carácter perecedero de la leche, los costos de transporte y almacenamiento y la incidencia del clima en el desempeño del sector, constituye la amenaza principal para la provisión de este bien en cualquier país. A contramano, la perspectiva de su Ministerio, coincidente con la de sus antecesores, es que “la competencia desleal con los agentes formales” es el cuello de botella “que es preciso remover para hacer de la ganadería colombiana una de las grandes locomotoras de bienestar y desarrollo del país”. Cito textualmente lo expuesto por Usted en el Congreso de Fedegan.

Acorde con dicha división entre “agentes formales”, para referirse a las grandes compañías, la mayoría multinacionales y con posición dominante en el mercado, y los “informales”, que serían todos los demás, puede deducirse que, según el gobierno, la crisis de la cadena desaparecería si TODA la leche de Colombia se le entregara al oligopolio. Según su planteamiento, al paraíso se llegaría si se eliminara casi el 45% de la leche que se produce en el país y que no va a la gran industria. Esto lo corroboran las medidas que el Ministerio adelanta, como los decretos que penalizan la leche en cantina, en vigencia a partir del 10 de marzo venidero; los TLC; la benevolencia y la inacción oficiales con las importaciones y el contrabando de lactosuero; la permisividad del Invima tanto con el comercio de bebidas lácteas con bajo poder nutricional como con la pulverización en sitios no autorizados; para nombrar solamente algunas de las más relevantes.

Si, como Usted también demanda, “la formalización de los agentes de las cadenas, debe incluir a los mismos ganaderos” y que a esto impele “el comercio internacional” (TLC), debe entenderse que además el Ministerio ha decidido extender partida de defunción a miles de ganaderos, en especial a los pequeños y medianos o a quienes estén ubicados en cuencas “no competitivas” y que no alcanzarán a tener “hatos de talla mundial”, como los que exige la tecnocracia neoliberal. Adicionalmente, los productores de leche, muchos de ellos damnificados del invierno, vienen sufriendo una pérdida recurrente entre ingresos y gastos principalmente porque las grandes empresas, como sucede en lo corrido de 2011 y  con el silencio del Ministerio, no les pagan un precio rentable y remunerativo y los someten a arbitrarios parámetros para imponer la compra de la materia prima a la barata, en tanto a los consumidores se les eleva constantemente el valor del producto final.

En consecuencia, el mandato oficial para la leche excluye los eslabones más débiles y encomienda esta “locomotora” a la concentración paulatina de la producción, la comercialización y el procesamiento en la gran industria que, dicho sea de paso, será la misma que importará de sus casas matrices los productos lácteos cuando rijan los TLC.

Esta política es inaceptable porque, a sabiendas de que Colombia es autosuficiente en este producto, la intervención estatal no se ha dedicado a promover la producción y el trabajo nacional, sin exclusiones, jerarquizando el apoyo para los más débiles e incluyendo la garantía de inocuidad requerida desde el hato hasta la mesa, sino a crear a la brava un déficit en el mercado nacional fruto de sacar del negocio a decenas de miles y entregarlo por completo a las firmas más poderosas. Quienes más sufrirán en últimas, de seguirse con ese perverso cometido, serán millones de niños a quienes el acceso a esta proteína vital se les dificultará o estarán mal nutridos al condenárseles a consumir los que algunos empresarios extranjeros denominan “productos innovadores” para gente de bajos ingresos.

Las organizaciones que represento creen, a contrapelo del Ministerio, que no es impulsando “la alianza público-privada” en torno a los potentados como progresa la cadena láctea. Es al revés, como aquí se ha expuesto. Para demandar del gobierno un cambio completo en su política sectorial, incluyendo la derogatoria de muchas de las medidas adoptadas, dichas asociaciones han decidido realizar en Bogotá, el próximo 9 de marzo, una marcha nacional de la cadena láctea nacional. Es indispensable que el país conozca el programa que esas organizaciones agitan para defender y hacer crecer la producción de leche y sus derivados en Colombia. Es asunto trascendental para la seguridad alimentaria nacional.

Cordial saludo,

AURELIO SUÁREZ MONTOYA
Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria
Director Ejecutivo