20 de septiembre de 2021
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La suerte de doña Ana María

8 de marzo de 2011
8 de marzo de 2011

Ana María Arango fue llevada a la politiquería  en medio de la soberbia de un partido político que se había vuelto inalcanzable por la destreza para los negocios de su inspirador y la falta de escrúpulos.

Fueron muchas las denuncias de las concesiones y los contratos en la administración que le antecedió y ahora, por la búsqueda afanosa de consolidar a sus socios naturales de Servigenerales, involucraron a la alcaldesa en la penosa situación de ser destituida por la procuraduría general de la nación y con el agravante de que la falta que se le imputa sobre falsead ideológica en documento público la lleva a ser investigada penalmente por la   fiscalía general de la nación con consecuencias  impredecibles.

Las entidades de control están siendo severas y en el caso de la alcaldesa de Armenia fue relevante escucharle al procurador delegado, Carlos Arturo Ramírez Vásquez, donde castigaba verbalmente las culpas y dolos de la doctora Ana María y lo reseñaba como gravísimo por defraudar la confianza que habían depositado las gentes en su encargo administrativo.

Quienes denunciaron a la alcaldesa a lo mejor lo hicieron en un acto de esos tantos que circulan para llamar la atención pero que en esta oportunidad definieron la suerte de una persona superior y por supuesto de los destinos de la capital.

Doloroso tener que ser testigos históricos de este desgreño donde hace apenas  un mes  fue condenado ejemplarmente el exalcalde David Barros Vélez a la pena de 17 años y medio de prisión y ahora perplejos vemos como nuevamente nos reconocen ante la faz del país por tener administradores corruptos.

Parece que los karmas se trasladaran a los herederos porque de haber sido distinta  la suerte de otros que yacen en la paz del sepulcro a lo mejor no estaríamos lamentándonos de la situación de doña Ana María.

En lo personal conmueve pero en la dignidad y el respeto por la cosa pública debe servir de ejemplo.

De qué sirve tantos alamares y agallas para seguir llenando las alforjas si al final la triste historia se repite. Para qué defraudar el erario sin compasión.

La renovación de las autoridades en octubre próximo debe ser motivo de gran reflexión para los sufragantes porque no puede ser posible que repitamos el desgreño.

Armenia y el Quindío no aguantan más fechorías.

No es posible, como lo advirtió el procurador delegado y lo suscribió en la formulación de cargos, que se hubiera hecho toda suerte de truculencias para favorecer nuevamente a  Servigenerales, a través de triquiñuelas para torcerle el pescuezo a la ley  en una actitud reprochable adulterando actas de las juntas de las empresas públicas de Armenia.

Aunque la alcaldesa había jurado ante su electorado que rescataría el servicio de aseo para la ciudad, su comportamiento fue diferente corroborando toda suerte de especulaciones que se hacían en cuanto a la sociedad que tenía su familia con esa empresa.

En esto quedamos. Se eligió a una señora decente pero salió por la puerta de atrás sancionada e inhabilitada y con un destino imposible de definir.

No hay manera de controvertir las decisiones judiciales sino través de los recursos que quedan. La alcaldesa Ana María deberá presentar su apelación en dos días. No habrá duda que el procurador general confirmará la decisión de su subalterno, esta es la tradición y seguramente el fallo en primera instancia fue consultado al más alto nivel, es decir, con el propio Procurador Ordóñez.

La suerte está echada. Ahora le tocará al gobernador López encargar de una terna que le debe enviar Cambio Radical. Ojalá no se equivoque porque para colmo de males el mismo ministerio público le acaba de formular cargos por violación al principio de transparencia y selección objetiva de contratación. Otra pata que le salió al cojo.

Estamos Muy mal, derruidos en medio del tráfico de influencias, corrupción y allanamiento moral.

Funcionarios de salario mínimo hasta hace ocho o diez años con un cúmulo de propiedades que se sabrá de dónde las sacaron y la sal corrompida. Ana María Arango sigue siendo decente y honorable para quienes le conocieron sólo que ahora no le podrán creer ni las hermanitas de la caridad.