19 de septiembre de 2021
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La juez Gaona, otra triste historia

28 de marzo de 2011

Las autoridades, una vez más, se mostraron improvidentes frente a la suerte de la vida de una funcionaria en presumible riesgo, alarma derivada de las causas que conocía y de las condiciones especialmente difíciles de la zona donde prestaba los esforzados servicios.

Fue desgraciadamente necesario el sacrificio de la juez Gaona, para que la molondra burocracia bogotana cayera en la cuenta de lo imprescindible que resultaba el cambio de radicación del lugar para el juzgamiento de ciertas causas calientes a cargo del Juzgado Penal del Circuito de Saravena.

No de oídas, sino por mi propia cuenta sé de los peligros y riesgos latentes que representa Saravena para los operadores judiciales que, por necesidad o mucha vocación, van a parar a ese destino, uno los más convulsos de Colombia en todos los últimos años, particularmente por la cantidad de actores ilegales que allí tomaron asiento, enseñoreándose de todo, de vidas y haciendas.

Que recuerde, la ley le asigna al Consejo Superior de la Judicatura la misión de velar por la seguridad de los servidores judiciales, pero parece ser que en ocasiones ya trágicas sus previsiones no fueran más allá, sino más acá, de las propias goteras de la capital de la República.

Ni porque la vida de los servidores judiciales esté de pronto bien amparada en términos de seguros, eso tampoco justifica que la precariedad de medios de protección produzca su muerte aleve: nadie se ha llevado un peso a la otra vida.

Tiro al aire: malditos aquellos que cegaron la existencia de la juez Gaona y que los espere el séptimo círculo de los profundos infiernos. Síganme en Twitter: @franjagalvis.