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La generación perdida… en el mimo

27 de marzo de 2011
27 de marzo de 2011

OTRAPARTE
Por Óscar Domínguez G. (*)  

oscar dominguez

La mía es una generación cuyo manifiesto-declaración de principios cabe en media servilleta: los hombres en la cocina huelen a rila de gallina.

Ignoro si es familiarmente correcto decirlo, pero debo admitir que crecí como un buenoparanada en la cocina. Me colaban el aire. También crecí negado para otros oficios domésticos.

Perdonarán la igualada, pero con doña Cecilia Faciolince de Abad tengo en común -con motivaciones diferentes- la cocina y un purpurado: su tío, Monseñor Joaquín García Benítez, arzobispo de Medellín.

Viviendo y comiendo rico en el Palacio Arzobispal, ella empezó a preparar su libro "Recetas de mis amigas" que dio a luz a los 85 años. Estuve en el mismo Palacio -noviembre de 1955- aunque no despachando ningún bocado de cardenal. Fui a recibir de manos de Nos Joaquín mi diploma como ducho en el catecismo del padre Gaspar Astete.

Conservo el diploma porque doña Genoveva, mi mamá, cordon blue para su culecada, lo rescató del naufragio. Ella colgó su exquisita sazón hace rato. No la vida. En noviembre llegará a los 90.

Por estos días prospera un movimiento encaminado a devolverles a las madres su condición de mejores cocineras. Adhiero. Dicha campaña la iniciaron en el periódico "Ciudad Viva" de la Alcaldía de Bogotá, dos tenedores que "traicionaron" la causa y cocinan: su director, el maestro de Anorí, Guillermo Angulo, y Héctor Abad, sobrino-nieto del obispo Joaquín, de quien heredó leontina, gustos gastronómicos arzobispales y segundo nombre.

Ateo gracias a Dios, se tutea con todos los dioses.

El maestro Angulo gana padrenuestros con recetas ajenas de doña Cecilia sorprendiendo a sus invitados con Paté belga de hígados de pollo.

A quienes venden miles de libros, Héctor Abad les prepara Spaghetti a la carbonara. A los que jamás se darán el lujo de que su obra se venda pirateada en el semáforo, los despacha con Pollo Opus Dei.

Sin confirmar sí lo digo gracias a mi personal "wikileaks": más que detrás de una de las perturbadoras Abad (Vicky), un partidazo político llamado Álvaro Uribe Vélez, iba detrás de las 675 recetas de la suegra. ¡De la que se salvaron los Abad! Con su sazón, doña Cecilia mantuvo unida a su familia, y fiel y feliz a su marido.

Mi católica madre tenía claro que la caridad empieza por casa. En este sentido, cocinaba para ella ante todo. Si a sus hijos no nos gustaban sus deliciosas viandas nos despachaba con esta perla: "Comida se le da, ganas no".

Autoelogiaba sus exquisitos sudados de posta, rollos de carne, dulces, sancochos, frisoles. Mafalda habría repetido su sopa de albóndigas.

Gracias a las madres que nos ahorraron el sospechoso privilegio de consentir un lomito, bañar un langostino. En buena hora, escapamos a la dictadura de la cebolla y el cilantro. Seguiré ejerciendo el derecho a no cocinar. Ni un brócoli atrás.