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Estados Unidos y Colombia: ¿Buenos amigos?

27 de marzo de 2011
27 de marzo de 2011

Por: Albeiro Valencia Llano

albeiroDesde hace algunos meses el gobierno colombiano se viene quejando por la forma como lo trata el poderoso país del norte: se acabaron las preferencias comerciales, el TLC sigue en el congelador  y la ayuda al Plan Colombia sufrió un serio revés. ¿Por qué Estados Unidos trata tan mal a su mejor amigo en América Latina?

El caso de las preferencias arancelarias

Dirigentes y empresarios se molestaron por la tardanza  para renovar el Acuerdo de Preferencias Arancelarias (Atpdea), que se venció el pasado mes de febrero, y está en lista para su aprobación en el Congreso de Estados Unidos. El Atpdea es el componente comercial de la guerra contra las drogas y fue aprobado por Bush, en diciembre de 1991. Se trata de preferencias unilaterales que se hicieron efectivas para Colombia, Bolivia, Perú y Ecuador, desde 1992, pero cada país debe hacerle seguimiento al proceso de renovación.

Están frustrados nuestros diplomáticos con el Atpdea en lista de espera, y los exportadores entraron en pánico porque quedaron en desventaja frente a los países competidores, que gozan de preferencias arancelarias. De este modo se perjudicaron los gremios exportadores, especialmente floricultores, joyeros y empresarios del cuero, que son los más afectados.

El difícil camino de los TLC

En su momento el presidente Uribe empezó a cocinar varios TLC que recibieron muchas críticas porque se perdía soberanía, dignidad y reciprocidad. Hubo amargas experiencias con Estados Unidos y Canadá y por estas razones se impulsó el TLC con la Unión Europea; pero éste también quedó mal negociado.

Hoy el tema está vigente porque Santos prefiere que su política agropecuaria vaya de la mano de los TLC con Estados Unidos, Unión Europea, Canadá y Mercosur. Ante los obstáculos para su aprobación el gobierno colombiano está preocupado, pues considera que lo están maltratando. El tema tomó nuevos bríos porque no se renovó el Atpdea de manera automática. Cuando llegó el ex secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, felicitó a los funcionarios por la lucha contra las drogas ilícitas pero, mientras tanto, los acuerdos seguían en el congelador. En cambio países como Corea del Sur y Panamá resultaron favorecidos con tratados comerciales.

Sin embargo, el Gobierno considera que viene haciendo méritos en lo que tiene que ver con Derechos Humanos. Sobre este tema el entonces embajador ante la OIT, Angelino Garzón, logró sacar a Colombia de la lista de países donde, con más frecuencia, se vulneran los derechos de los trabajadores. Lo anterior no lo entienden los dirigentes obreros, pues el año pasado fueron asesinados 26 sindicalistas.

Pero los altos dignatarios cambiaron de táctica. El embajador en Estados Unidos, Gabriel Silva Luján advirtió que “si en 2011 no ocurre realmente la ratificación del TLC es muy posible que sea Colombia la que decida que esto ya no va más”. Algunos le reprochan la arrogancia y piden paciencia, pero otros apoyan el desdén del embajador hacia el amigo del norte y tradicional aliado, que endurece su posición con Colombia, mientras allana el camino para los tratados con Perú, México, Chile y Panamá. El presidente Santos insinúa que si la administración Uribe le apostó todo a Estados Unidos y perdió, ahora hay que buscar otros aliados y socios comerciales. Allí está China (Tanto esfuerzo por lograr el TLC con Estados Unidos y ya se conoce el enorme daño que causaría a los productores de cereales, oleaginosas, granos, hortalizas, frutas, carne de cerdo y de pollo).

El TLC con la Unión europea sigue empantanado. Hace un año, cuando se conoció la  letra menuda, algunos gremios pusieron el grito en el cielo. Por ejemplo el presidente de la Federación de Ganaderos, José Félix Lafaurie, anotó que la llegada de productos lácteos de Europa arruinaría a más de 400 mil productores de leche, pequeños y grandes, que “serán borrados del mapa cuando entre en vigor el TLC”.

Las negociaciones con la Unión Europea terminaron en mayo de 2010 y ahora se espera la ratificación del texto, por los representantes de los 27 países miembros del Parlamento Europeo. Pero hay numerosas ONG presionando para que el acuerdo no se ratifique. En una declaración firmada por diez eurodiputados, dirigidos por Richard Howitt, del Partido Laborista Británico, se hizo la siguiente advertencia: No habrá TLC si no cesan las muertes y amenazas a sindicalistas, “porque de aprobarlo en esas circunstancias se estaría en contra de los principios de la Unión Europea”.

Para completar el cuadro es preocupante el informe de la alta comisionada de la ONU sobre los Derechos Humanos en Colombia, durante el año 2010. Aunque confirman la disminución de los llamados falsos positivos produce espanto el caso de los “desaparecidos”. “A noviembre, el total de personas desaparecidas sumaba 51.310, de las cuales 12.632 han sido consideradas presuntas desapariciones forzadas”.

Colombia seguirá siendo fiel y leal aliado

No se puede negar que Colombia ha sido el más fiel y sumiso amigo de Estados Unidos, desde México hasta  Patagonia. Estas relaciones se estrecharon más durante el gobierno de Álvaro Uribe, a tal grado que en un artículo de la revista Semana (marzo de 2009) se afirmaba: “¿El Estado 51? Pocas veces en la historia de Colombia, Estados Unidos había metido tanto sus narices en las políticas internas. Y lo increíble: con el visto bueno del Estado”.

Durante los dos gobiernos de Uribe nuestro país fue el principal aliado de Estados Unidos en América Latina: apoyo a la guerra de Irak, ciega lucha contra el terrorismo y oposición a los gobiernos Chávez y Correa. Pagamos  un precio alto pues Uribe se aisló en la región.  Pensaba que de este modo, con una relación especial en lo militar y político, se estaba haciendo un buen negocio. Cuando se hace el balance muchos empresarios piensan que es mejor alejarse de Estados Unidos y buscar nuevos mercados; por eso llama la atención la propuesta de Santos de construir un canal interoceánico seco, con  inversión de  China.

La conclusión es clara: quedó superada la época Uribe-Bush. Los tiempos cambian y debemos entender que la diplomacia norteamericana se mueve por intereses y no por amistades. Los cables diplomáticos de la Embajada de Estados Unidos en Colombia muestran la esencia de la relación.