28 de septiembre de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

El verdadero sexo débil

13 de marzo de 2011

Eran consideradas entes menores, una pálida sombra de sus consortes, un apéndice del macho, un instrumento catalizador para prolongar la especie.

La mujer no ostentó posición o estatus alguno en la historia del surgimiento europeo, que se inicia con el Imperio Romano (cuya influencia para nuestros pueblos fue y sigue siendo determinante). Por aquellos tiempos, las mujeres no tenían existencia legal y estaban subyugadas al páter familias, que literalmente era señor y dueño, y tenía incluso el poder de decidir sobre su vida. Esa abominable institución opresiva se encontraba sustentada en las creencias religiosas.

La religión y la incultura (pues no se le puede llamar cultura a la aberración de discriminar a seres tan maravillosos) ejercieron un dominio nefasto en el ideario colectivo, en lo referente al verdadero papel de la mujer y su importancia como eje fundamental de la familia, la sociedad y el Estado. Ciertamente, los grandes cambios sociales son imposibles sin el fermento femenino, basta con echarle un vistazo a la historia.

Afortunadamente, los tiempos han cambiado. Las mujeres, en la mayoría de legislaciones civilizadas alrededor del planeta, tienen especial protección de la ley, y, aunque hay rezagos de segregación por género –en unos países más que en otros– y millones de desadaptados trogloditas que no aceptan ni conciben la valía de las mujeres, el de ahora es un mundo mejor, gracias a que se les reconocen sus derechos y a que es manejado por ellas.

Las mujeres son más leales que los hombres, más responsables, disciplinadas y trabajadoras, serias, honestas y luchadoras, valientes y fuertes, inteligentes y perceptivas como solo ellas pueden serlo. Hoy por hoy ellas llevan la batuta en la mayoría de actividades profesionales y oficios, y eso es prenda de garantía para que el barco llegue a buen puerto y las cosas salgan bien.

En Colombia contamos con mujeres excepcionales. Por citar tan solo algunos ejemplos: la contralora general Sandra Morelli, de lejos la mejor Contralora que hemos tenido, ha puesto a temblar a los corruptos, defenestrando con gran celeridad a varios bandidos de cuello blanco; Viviane Morales, fiscal general, en 3 meses ha reactivado escabrosos procesos penales que dormían el sueño de los justos; María Emma Mejía, la nueva secretaría general de Unasur, de seguro hará una extraordinaria labor controlando a los perros de presa que tenemos por vecinos; María Ángela Holguín, la canciller, que resolvió el desastre en el que se había convertido nuestra diplomacia; Noemí Sanín… los colombianos no tendremos cómo pagarle el haber sacado del camino al funesto Uribito; Piedad Córdoba, así a muchos no les guste, es una mujer valiosa; Shakira, nuestro mayor orgullo ante el mundo.

Es obvio, entonces, que las mujeres dejaron de ser hace mucho tiempo el sexo débil, y nos cedieron ese lugar a los hombres, que desde los inicios de la humanidad venimos haciendo todo al revés.

¡Felicidades para todas en su mes!

La ñapa: El Estatuto Anticorrupción es una imperiosa necesidad para la subsistencia del Estado. El Heraldo.