20 de septiembre de 2021
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Defensa de un escritor

14 de marzo de 2011
14 de marzo de 2011

Primero,  porque el cronista hace énfasis en el hecho de que los libros escritos por Adalberto Agudelo Duque no se consiguen en las librerías nacionales. Y segundo, porque utilizando los argumentos de un librero a quien entrevista para su trabajo periodístico, prácticamente descalifica la calidad literaria del trabajo narrativo de Adalberto Agudelo Duque.

Lo primero que es indispensable decir es que no ser editado por una editorial de renombre internacional, como Alfaguara, Planeta, Grijalbo o Tusquets, no significa que no se sea buen escritor. De todos es  sabido que a las grandes casas editoras las motiva más  el factor económico antes que la calidad literaria. Una obra bien escrita, como la de Adalberto Agudelo Duque, no despierta el interés de los editores simplemente porque no es muy comercial. Ello debido a que el escritor explora mucho en la innovación con el lenguaje y en técnicas narrativas novedosas como el palimpesto, la intertextualidad y los exágonos. Es decir, Adalberto Agudelo Duque no es un escritor para las masas. Es un autor para las élites académicas, que por su formación entienden sus experimentos con el lenguaje.

Decir que “Adalberto Agudelo Duque ha ganado 32 premios literarios y, sin embargo, muy pocos lo conocen”, es caer en ligerezas de apreciación. Así ningún libro suyo haya sido editado por una gran editorial, su nombre es un referente obligado cuando se habla de literatura caldense. ¿La razón? La calidad de su trabajo literario es incuestionable. En Manizales no existe otro escritor que maneje con tanta maestría el monólogo Joyceano como lo hace el autor de “Toque de queda”. Señalar que “pese a que ha pasado más de la mitad de sus 74 años escribiendo, ninguna editorial reconocida se ha animado a publicarlo” es un juicio a priori, sin elementos críticos que lo sustenten. Para nadie es un secreto que a las grandes editoriales sólo les interesa la narcoliteratura.

El autor de la crónica publicada por la revista Cromos recoge un concepto del abogado Pablo Felipe Arango donde sostieneque “Adalberto Agudelo es un simple ganador de premios”. Incluso, el cronista asegura que sobre el escritor se dice que escribe para ganar concursos. Y asegura que “tiene claro qué enviar, y a dónde, para adjudicarse los premios”. Si ganarse el Premio Nacional de Cuento del Ministerio de Cultura no es prueba clara de que se es un excelente escritor, habría que preguntarle al citadoabogado cuál considera él, en su sapiencia, el premio literario que en Colombia merezca obtenerse. No es posible pensar que jurados como Nicolás Suescún y Luis Fayad, con mucha formación literaria,  se hayan equivocado al conceder el galardón.

Adalberto Agudelo Duque se ha ganado otros tres concursos literarios de importancia: la bienal de novela José Eustasio Rivera que convoca la Fundación  Tierra de Promisión del Departamento del Huila, el Premio de Novela Aniversario Ciudad de Pereira y el Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá. El primero lo obtuvo con “De rumba Corrida”, una novela excelentemente escrita, donde el autorpermiteel flujo de la conciencia, liberando a los personajes de su carga de emociones. El segundo lo obtuvo con “Allá en la 31”, una obra donde demuestra su preocupación temática de pintar con su prosa de vigorosa fuerza narrativa la ciudad de Manizales. Y el último con “Pelota de trapo”, una novela escrita en monólogos afortunados donde recrea el proceso de construcción de la carretera a Letras.

Afirmar ala ligera, sin consistencia crítica, que la obra de Adalberto Agudelo es “predecible; con buenos momentos, tal vez, pero simple ganadora de premios”, como lo hace Pablo Felipe Arango, es caer en una valoración subjetiva, fruto quizá de la animadversión hacia el escritor, no de un análisis objetivo de sus libros. Decir que su obra “no tiene alma y carece de espíritu” es irse por el camino fácil de la apreciación simplista. Al escritor manizaleño se le puede criticar que las historias narradas no tienen eso que José Miguel Oviedo llama nudo, desarrollo y desenlace. Eso obedece, según el propio escritor, a su deseo de no encasillarse como un autor de fácil comprensión en la trama novelística. Es decir, es producto de sus esfuerzos por innovar en técnicas narrativas antes que en crear tramas novelescas.