19 de septiembre de 2021
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¿Con licencia para delinquir?

11 de marzo de 2011
11 de marzo de 2011

Tal es la interpretación que puede darse a la desafortunada e inválida protesta del partido conservador, ante las denuncias presentadas por supuestas irregularidades cometidas por algunos congresistas suyos al amparo de la desprestigiada Dirección Nacional de Estupefacientes.

Antes de seguir con el tema, hay que aclarar que en medio de esas denuncias, que originaron la compulsa de copias de la Fiscalía general a la Corte Suprema,  también hay comprometidos congresistas del partido liberal y de cambio radical, cuyos encartados – por lo menos hasta ahora – no han protagonizado el papelón de los conservadores.

Estos, en una pataleta vergonzosa digna de mejores y más loables objetivos, han aprovechado el episodio para intentar comer  ”carne de ministro”, suculento y atractivo plato del menú politiquero colombiano.

Si congresistas conservadores, liberales, de la U, de Cambio Radical o del Polo Democrático cometieron irregularidades prevalidos de su envidiable posición,  lo justo es que paguen, pero que no sea el ministro Germán Vargas Lleras, el que tenga que pagarles sus bellaquerías.

Si él denunció esas supuestas dolosas actuaciones, estaba y seguirá cumpliendo con el deber, de acuerdo con su perentoria declaración, respaldada integralmente no solo por su inmediato superior, el Presidente Santos sino por todo el país decente:  “no vine a este ministerio a favorecer la corrupción”.

Lo que sucede es que tras ocho años de tolerancia con la corrupción, tal vez bajo la premisa inmortal de Turbay Ayala de “reducirla a sus justas proporciones”, ahora se encontraron con alguien que, por fin, parece decidido a suturar esa herida abierta por donde se escapan miles de millones de pesos que enriquecen a los más audaces.

Hay que recordar que en esos dos cuatrenios desde el Ministerio del Interior se manejó y se habló de las acciones de Invercolsa; de la compra de votos para una reelección; de las gestiones para recibir bandidos en las desmovilizaciones y de los famosos localizadores que permitieron a antisociales redomados seguir delinquiendo desde sus casas.

Ante esa laxitud era previsible la sorpresa que se llevaron algunos al dar con  un hombre decidido a ejercer como debe ser el importante ministerio del Interior y de Justicia, al cual no llegó – según sus propias palabras —  para favorecer la corrupción.

Si la Dirección Nacional de Estupefacientes fue convertida “en un feudo del hampa”, de acuerdo con Vargas Lleras, es lógico que quienes propiciaron tal estado de cosas respondan por sus actos, así sean congresistas conservadores, liberales, de cambio radical o del Polo.