19 de septiembre de 2021
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Alarma nuclear: se extiende la radiactividad por el país y ya alcanzó a Tokio

16 de marzo de 2011
16 de marzo de 2011

Los índices subieron peligrosamente en buena parte del país y en esta capital se elevó a 20 veces más de lo normal, según dijeron las autoridades municipales, aunque aclararon que aún no afecta la salud.

Lo que comenzó como un accidente localizado y eficazmente controlado (siempre según fuentes del gobierno), ayer se transformó en estado de emergencia nacional, después de que el reactor 2 de la central de Fukushima terminara, finalmente, sufriendo una explosión de hidrógeno, la tercera en uno de sus reactores en tres días.

Para peor, desde Bruselas llegaban las noticias cada vez más alarmantes. El comisario europeo de Energía, Günter Oettinger, describió la situación tras el accidente nuclear en Japón como un “Apocalipsis”, y dijo que las autoridades locales prácticamente perdieron el control de la situación en la central de Fukushima.

Ante el dramático cuadro, los japoneses comienzan a escapar de la ciudad rumbo al sur del país (ver pág. 20), mientras que otros acopian agua embotellada, mascarillas y víveres para resistir en sus casas.

La principal diferencia respecto de los reactores 1 y 3 es que en este caso la vasija interior que protege el núcleo estaba ya dañada, y terminó por ceder aún más tras la deflagración, lo que permitió la liberación de partículas radioactivas a la atmósfera en forma de vapor.

A partir de ese momento, la catástrofe comenzó a tomar forma alrededor de las instalaciones de Fukushima. Para agravarlo, se declaró anoche un inesperado incendio en el reactor 4 y se advirtió de la posibilidad de sobrecalentamiento por falta de refrigeración en los reactores 5 y 6, que no estaban operando cuando ocurrió el tsunami. Ya por la tarde, la Tokyo Electric Company (TEPCO), responsable de la instalación, indicó que el fuego en el número 4 había sido controlado y hasta afirmó que los niveles de radiación en la zona eran ya más bajos que tras producirse la explosión.

El ministro portavoz del gobierno japonés, Yukio Edano, aseguró en una conferencia de prensa: “Creemos que no se han liberado en la atmósfera sustancias radioactivas de alto nivel de forma continuada procedentes del reactor número 4”, afirmó, citando información de control facilitada por el reactor. Es más, dijo que el agua para refrigerar la alimentación de los reactores 5 y 6 volvía a presentar “niveles correctos”.

Pero como empieza ya a ser la norma en Fukushima, las palabras oficiales no se sincronizaron en absoluto con la realidad.

A media mañana, el viento soplaba a una velocidad de 80 kilómetros por hora en dirección sur, directo hacia Tokio, en lugar de las rachas hacia el este, que debían disolverse asépticamente en la inmensidad del Pacífico. Eso hizo que la radiación, supuestamente inexistente, no tardara más que un puñado de horas en llegar a Tokio, a pesar de que la capital se encuentra a 270 kilómetros de la central nuclear.

Cuando se detectaron niveles de radiación de más del doble de lo permitido y se confirmó la presencia de cesio y yodo en el aire que respiran 35 millones de personas, fue cuando se desató realmente la alarma nuclear.

La información sobre el estado de Fukushima, especialmente la referente a si los 50 ingenieros que trabajan a contrarreloj están logrando detener la fusión del núcleo de varios reactores, fue ayer durante todo el día completamente inaccesible.

Expertos de todo el mundo aseguraron que la posibilidad de que se repitiera un escenario similar al de Chernobyl era casi nula, pero reconocieron que la situación en Japón es muy preocupante. No es nada habitual que hasta 4 reactores de un misma central nuclear estén en peligro de fusión y que 800 ingenieros traídos para solucionar los problemas terminen huyendo a destajo de Fukushima.

Hasta TEPCO reconoció que es “muy probable” la fusión del núcleo de alguno de los reactores.

Por su parte, el primer ministro, Naoto Kan, lanzó un mensaje a la nación a mediodía pidiendo calma y sentido común. También urgió a la gente que vive entre 20 y 30 kilómetros más allá de Fukushima a mantener la calma sin salir de casa y cubriéndose todo lo posible, sellando con cintas las puertas y ventanas para evitar que ingresen las partículas contaminantes.

“El peligro a nuevas fugas radiactivas se está incrementando”, reconoció Kan, en el primer gesto de alarma que emite desde que comenzaron los problemas en la central.

Por las dudas, gobiernos como el francés o el mexicano aconsejaron a sus ciudadanos que abandonaran la ciudad y ayer la embajada de Austria decidió llevar su misión temporalmente a Osaka, al sur del país.