24 de septiembre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Una casa-museo para Juanes

12 de febrero de 2011
12 de febrero de 2011

“Si Gardel tiene su casa en el muy tanguero Barrio Manrique, de Medellín, Juanes debe tener la suya en el pueblo de sus entretelas”, dice el promotor de la iniciativa, que espera ansiosamente el visto bueno del artista de fama mundial y de su mánager Fernán Martínez para ponerle más bríos a la cruzada.

El colega inspirador de este homenaje es el mismo que sacó adelante, hace cuatro años, la instalación de una escultura de tamaño natural, en bronce, del consagrado canta-autor, en el parque principal de esa bonita localidad  del norte antioqueño, situada a 100 kilómetros bien pavimentados de Medellín, trayecto que se cubre en dos horas.

En charla con el Contraplano, Arango concreta así la idea del homenaje a su paisano:                                 
“Yo sueño con la Casa-Museo Juanes en Carolina. Con fotos de todas sus épocas, elementos personales de su niñez y de su adolescencia;  trajes de pasadas presentaciones, algún Grammy, una de sus primeras guitarras acústicas (o de palo, como las llaman los músicos) y otra eléctrica; pinturas salidas del pincel de Juan Esteban, (pintor aficionado) y material relacionado con sus inicios musicales, a bordo de bandas como la de Ekhymosis”.

Según Héctor, “la propuesta se podría canalizar a través de la Fundación “Mi sangre” y los fondos recaudados servirían para estimular a los jóvenes de la región de Carolina, Gómez Plata, Guadalupe y El Salto que quieran formarse como músicos, pintores y en otras ramas del arte.  Si Juanes quiere, lo lograremos”.

La casona del taita don Javier, que en gloria esté, y de doña Alicia, autora de la irrebatible frase “esta vida es un ratico”, está situada al pie de la estatua del artista y lleva un buen tiempo deshabitada. Allí crecieron sus cuatro hijos varones, cuyos nombres empiezan por jota: Javier, Juan José, Jaime y Juanes, y las niñas de la camada: Mara y Luz  Eugenia.

Héctor se hace lenguas al biografiar a los Aristizábal Vásquez: “Esto de la música en Juanes parece ser una virtud de familia. Recuerdo que en los puentes y en vacaciones el que “zurrunguiaba” la guitarra y cantaba música de los Visconti era su hermano mayor, Javier Emilio. Y como le gustaba el trago, apenas normal entre jóvenes, hacía trasnochar a doña Alicia, la mamá, quien no se iba a dormir hasta que sus hijos no entraran a la casa. Juan Esteban, el menor de los cuatro hombres, tenía su barrita entre los que estaba mi sobrino Jaime y su primera novia, Eliana Quintanilla. Ellos se “parchaban” en “La Taberna”, un negocio estilo pub inglés que tenía yo en Carolina. Allí iba el futuro Juanes porque le encantaban las hamburguesas y los sanduches de pollo. Le encantaba ir al establecimiento porque lo complacía con música rockera de los setentas”.
 

Eliana guarda con mucho celo una tabla con clavos que una vez le pidió a su noviecito Juan Esteban, un párvulo de apenas 11 años, que pegara en la pared de la cocina de la casa, en el barrio Los Álamos de Carolina. Antes de clavarla, hizo unos dibujos y pintó unos nombres de grupos rockeros y tras estampar la firma, sentenció: “Esta firma va a valer un poco de plata cuando yo sea famoso”.

En sus múltiples entrevistas cuenta que la música guasca se le quedó grabada de la que tocaban en una cantina ubicada en los bajos de su casa, situada en una esquina de la plaza principal de la principesca localidad. Allí sonaban los discos de Octavio Meza, Guillermo Buitrago, Los Visconti, Julio Jaramillo y Olimpo Cárdenas.

La apostilla: Quienes conocemos a fondo al hiperactivo Héctor Arango estamos seguros de que si prospera la idea de la casa-museo, después de una pausa vendrá con otra propuesta para que se le cambie el nombre a su pueblo natal: que en vez de Carolina del Príncipe, se llame Carolina de Juanes.

(Publicado en El Mundo, de Medellín, el viernes 11 de febrero de 2011)