22 de septiembre de 2021
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Sobre el paro de camioneros

19 de febrero de 2011

Precisiones: El problema inicial era entre autoridades y afectados por la medida, pero no estaba involucrada la población en general; lo ha sufrido todo el país, y los disturbios y los efectos han sido mayores en algunas otras regiones, no solo Bogotá, pero no solo el origen sino el manejo y la solución son del resorte exclusivo del Gobierno Nacional. 

Los perjuicios no son solo de movilidad, sino hay costos económicos y humanos también. Paro y bloqueo no es lo mismo.

El origen fue la eliminación de la tabla de fletes, lo cual es en la práctica un problema casi inexistente, en la medida que lo que hace es fijar un precio mínimo para ese servicio, pero de hecho hoy se está pagando bastante más; por causa de las malas rutas, o del invierno, o de que la demanda sea superior a la oferta, el caso es que la base no la está determinando ese instrumento. Paralelo a la cifra –que podría llegar a una posible conclusión bastante paradójica con un alza de esa referencia– está la defensa del principio de la libertad o de la supremacía del mercado, o que, si va a ser un sector regulado, debería serlo no solo para valores mínimos sino entonces también para valores máximos.

Es bastante claro que la posición de los transportadores puede ser algo sostenible emotivamente –alegan la necesidad de ingreso y de garantías– pero por lo menos al inicio no parecían tener ni la razón para hacer el paro ni la solución que requerían. La amenaza no fue por el gusto o con la idea de hacerlo, sino como un medio para dialogar con el Gobierno.

Podría pensarse que lo lógico es que el Gobierno –sabiendo o calculando que tiene la razón de su parte– confrontara la situación con argumentos, es decir invitando a un diálogo.

La posición asumida de “no hablamos bajo amenazas” trasladó el escenario a una confrontación de fuerzas y no de razones. Hasta cierto punto se invitó a que mostraran si eran capaces del paro y qué tanta fuerza tendría.

La segunda etapa, la de una vez comenzado el paro proclamar que no se dialoga hasta que no se levante, es aún más grave: es entrar en el terreno de que la contraparte debe maximizar el daño para intentar forzar una respuesta diferente, lo que se ha visto con los bloqueos.

Lo que el Gobierno sabe y usa es que aún si la diferencia es con él, el perjudicado es la población en general. En últimas, ambas partes nos están usando a nosotros –la ciudadanía– para forzar a la contraparte. Y siendo eso indebido por parte de los transportadores, mucho más lo es por parte de las autoridades: la idea de poner a la ciudadanía como presión contra los ejecutores del paro no solo no es argumento de razón sino va en contra de la protección que debe la autoridad a la sociedad.

Parece ser parte de la mala herencia del gobierno anterior la idea de que lo importante es ser ‘duro’ más que ser racional; más pelear que solucionar, más imponer que conciliar.

Este caso, donde no había razón para llegar a estos extremos (era solo un sector el involucrado y muy poco lo que hay en juego,) puede dejar un par de lecciones: donde hay solución racional es mejor acudir a ella que a la confrontación de fuerzas; y no vale la pena poner siempre de por medio el ‘principio de autoridad’ porque acaba siendo éste lo único que, con un desgaste innecesario, se debate.