22 de septiembre de 2021
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Los tres chiflados

27 de febrero de 2011

A este trío de psicópatas caricaturescos los unen las ganas de perpetuarse en el poder y el hecho de haber traicionado a sus pueblos con revoluciones que prometían cambios estructurales, desarrollo y progreso, y que, al final de cuentas, únicamente le han traído beneficios a estos sátrapas, a sus familias y a sus respectivos séquitos de esbirros.

El circo mediático que han montado Chávez y Ortega para defender a Gadafi (aplicando la lógica del absurdo, por supuesto) encuentra su explicación en que los tres representan exactamente lo mismo:

represión, despotismo, corrupción e involución. Los dictadores latinoamericanos sienten cerca su fin; se muestran solidarios no por afecto, sino por miedo, pues saben perfectamente que en el mundo moderno no hay lugar para las tiranías (incluyendo las de ellos, claro) y apelan al discurso trasnochado y manido que relaciona el levantamiento popular en Libia con los intereses que en esa región del norte de África tienen Estados Unidos y la Unión Europea, pasando por alto que la ‘belleza’ de Gadafi hasta hace unos días, por cuenta del negocio del petróleo era gran aliado del Coloso del Norte y sus vecinos al otro lado del estrecho de Gibraltar.

Los gringos, cuyos escrúpulos son tan maleables y dúctiles como se requiera, le dieron la espalda a Gadafi, presionados por la contundencia de los hechos y la situación oprobiosa a que ha sido sometida la población civil en Libia. Si la comunidad internacional no hubiese prendido las alarmas, los monos se habrían hecho los de la vista gorda (al igual que en Ruanda, por citar tan solo un ejemplo), ya que son muchos los billones de petrodólares que están en juego. Chávez sabe perfectamente que, por más petróleo que les venda a los gringos, el día que le saquen la maleta irán por él, como pasó con Noriega y Somoza y con tantos otros que fueron inventados y patrocinados por el Tío Sam y que dejaron de ser útiles, para convertirse en un estorbo.

Libia, Venezuela y Nicaragua tardarán muchos años en recuperarse del ostracismo en el que están inmersos, por cuenta de políticas económicas y sociales equivocadas y demagógicas, que han estado signadas por el capricho y la soberbia que produce el poder omnímodo.

La democracia es el valor supremo de la humanidad y el pueblo tiene la obligación moral de levantarse cuando se vea amenazada por la sed de poder y la locura enfermiza de aquellos que creen que la política es para servirse y no para servir.

La ñapa I: La embajada gringa en Bogotá se convirtió en un confesionario en donde dirigentes de toda laya suplicaban, pedían perdón y hablaban sobre lo divino y lo humano. ¡Qué vergüenza el arrodillamiento de nuestros líderes! ¡Y todavía hay algunos que se preguntan por qué los gringos no nos respetan como país y sociedad!

La ñapa II: Derechos patrimoniales para las parejas del mismo sexo, sí; adopción de niños, no. Los derechos de los menores están por encima de cualquier otro.

La ñapa III: Empezó la cuenta regresiva para el nefasto Uribito.El Heraldo.