17 de septiembre de 2021
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Los periodistas oficiales

11 de febrero de 2011
11 de febrero de 2011

La constitución nacional y variopintas leyes obligan a las autoridades a socializar y tener informados a sus gobernados sobre los hechos fundamentales de sus gestiones administrativas. ¿Y quién hace esto?, Pues un comunicador. Pero el hecho es, como lo hicieron el día del periodista en el Quindío, despreciar una actividad tan legítima como cualquier otra, sólo para posar de importantes. Qué vieja y odiosa manía.

Quienes hayan estudiado, aunque tangencialmente teorías de la comunicación, entienden que el ser humano desde sus más remota existencia, buscó primero interrelación con sus  pares con los sonidos guturales que transformaron en cadencias articuladas que formaron, a su vez los vocablos, para posteriormente plasmarlos en grafismos. Aunque primitiva allí se iba decantando la comunicación.

Pero en alarde los vedettes quieren limitar la comunicación a sus estrechas esferas y nada de lo que se salga de su dominio tiene importancia.

Los comunicadores oficiales hacen su oficio. Poner en conocimiento de sus colegas las actividades rutinarias del gobierno para que les sirva de guía y nada más.

Quienes tienen imaginación, avanzan, crean medios propios como complemento a una estrategia comunicacional,  regidos también por los principios éticos de la información.

Pero hay muchos de los que censuran y maltratan la comunicación oficial en público que diariamente llaman a las oficinas de prensa para preguntar con ese tonito bobalicón “¿Qué hay por allí hombre…Qué tiene hoy el gobernador…a quién nombraron en hacienda…? “  Díganmelo a mí.

Qué más oficiosos que RCN, en defensa de sus intereses, Caracol con Prisa, El Tiempo con Planeta, para  citar sólo unos ejemplos.

Poquita fue la manipulación y la estrategia mediática, agresiva, intolerante, pecaminosa y lesiva a los intereses colectivos con el proceso para el  otorgamiento del tercer canal. Atosigaron a todos hasta que hicieron lo que querían. Trancaron el proceso y privaron a  los colombianos de tener otra opción.

Pero ahora la mala es la comunicación oficial y los periodistas encargados de estos asuntos, unos pobres imbéciles.

No, cada quien hace su oficio. A unos les toca informar sobre los hechos sobresalientes del sector oficial y los otros soban la chaqueta de los poderosos, o incluso lo que es peor, de los malandrines o facinerosos, a quienes dan tratamiento de personajes.

Tienen que dejar ese prurito pendejo de  desdeñar y mirar por encima del hombro lo que no es de ellos y lo que no pueden manejar a su antojo.

Hay que dejar de pontificar en materia comunicacional a sabiendas que todos los colombianos tenemos una protección constitucional  para crear medios y comunicarnos como a bien nos venga en gana, eso sí con decoro y transparencia.

Lo mejor que pudo pasar recientemente fue abolir toda talanquera para que los ciudadanos se puedan comunicar sin restricciones.

Cuándo será que algunos periodistas, que se han formado en el barro, dejan de descalificar a los que se han forjado en la academia con más solvencia intelectual.

Bienvenidas las oficinas de comunicación de los entes oficiales y ojalá las redacciones de los medios no oficiales se nutran de gente mejor formada y menos elitista.