22 de septiembre de 2021
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La cátedra de don Efraim Osorio

20 de febrero de 2011
20 de febrero de 2011

El lector proclive a estos temas relacionados con el arte del lenguaje y sus diversos estilos querrá saberlo todo sobre la vida, pasión y músculo del autor de las eruditas Quisquillas que publica los martes el Periódico de Casa:

El abecé de la lectura y la escritura lo aprendió de su mamá y de su primera maestra, Inesita Villegas. Adquirió sus conocimientos de la primaria en el Colegio de Jesús, de los Hermanos Maristas, en la ciudad de las araucarias. Allí mismo, pero en la Escuela Apostólica de la Congregación de la Misión, estudió la secundaria. En Bogotá, con los mismos educadores (los sacerdotes lazaristas o vicentinos), realizó estudios de Filosofía Escolástica, Derecho Canónico y Teología. Combinó todo esto con el aprendizaje de un par de lenguas clásicas y otro tanto de contemporáneas. Fue profesor en Colombia durante once años. En su paso por el Colegio San Viator, fundó la revista El Viatoriano. Viajó luego a los Estados Unidos (diciembre de 1969), en donde vivió por treinta años. De regreso a Colombia, en 1999, radicado en Manizales, empezó a enviar cartas, todas relacionadas con el lenguaje, a la sección de LA PATRIA, Correo abierto. Desde el 2004 es columnista habitual del periodico caldense y de otros medios de comunicación. (Hoja de vida tomada del prefacio de su hermoso libro bilingüe Dichos, refranes y adagios de la lengua castellana, admirable joya editorial en la que formó llave maestra con el entrañable escritor, periodista y editor Alvaro Marín Ocampo, otra pluma de respeto).

A propósito del Contraplano del domingo 13 de febrero (titulado Los cuatro argonautas) don Efraím volvió en este mensaje sobre sus preocupaciones alrededor de la preparación académica y la calidad del periodismo  actual:             

“Don Orlando: ¡Qué bueno sería que todos los periodistas jóvenes de Manizales y de todas partes leyeran su columna de hoy! A ver si así hacen el esfuerzo de procurar mejorar su redacción. Pero, para esto, están en la obligación de estudiar nuestro idioma y leer los buenos autores, para lo cual es importante volver a los clásicos.

Precisamente, ayer, cuando vino a mi apartamento a despedirse mi nieto que viajó en plan de estudios a la Argentina, estuvimos hablando de los columnistas de El Tiempo y La Patria, que él lee. Me preguntó cómo me parecían. Le dije que a la mayoría de los que apenas están comenzando les faltaba algo de pelo p'al moño. Que de los veteranos que aún escriben hay unos muy buenos. Y le hablé de algunos periodistas viejos y ya desaparecidos, cuya mayor preocupación al agarrar la pluma fue siempre redactar respetando nuestro hermoso idioma, que es, precisamente, de lo que carece la enseñanza actual del castellano, porque hay una corriente dañina que pretende inculcarles a quienes se dedican a este hermoso oficio que la casticidad no importa. Y la Real Academia de la Lengua, según su Nueva Gramática, aunque sí enseña las normas gramaticales, documenta y acepta, llamándolos variantes, los solicismos más comunes en nuestros días, y está acabando con lo que yo siempre he llamado "la hermosa irregularidad de los verbos irregulares", respetada por aquellos que sí sabían la misa completa”.

La apostilla: Resulta inexplicable, por decir lo menos, que un filólogo de la estatura de don Efraím Osorio López no tenga una cátedra permanente en la única facultad de comunicación social que existe en Manizales para formar como es debido a nuestros reporteros del futuro. ¡Qué desperdicio!