24 de septiembre de 2021
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Infecciones intrahospitalarias cuestan 727 mil millones anuales

14 de febrero de 2011
14 de febrero de 2011

infecciones
Foto Unimedios

A esta conclusión llegó Elkin Lemos, infectólogo y doctor en Salud Pública de la Universidad Nacional de Colombia, luego de investigar desde una perspectiva social los costos y el impacto clínico que tiene sobre las personas contraer la infección con la bacteria Acinetobacter baumannii, un microorganismo que se adquiere principalmente en el entorno hospitalario y es de difícil tratamiento.

“Durante cuatro años realizamos un estudio prospectivo con 165 pacientes internados en tres Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) de adultos en Bogotá que presentan esta problemática de manera muy marcada: la Clínica de Occidente y los hospitales El Tunal y Kennedy. 42 personas del grupo de seguimiento murieron en este tiempo, es decir, el 26% de los observados”, manifiesta el doctor Lemos.

En el ambiente hospitalario existen diez bacterias responsables de las denominadas infecciones nosocomiales que comprometen la vida de quienes las padecen, personas que ingresaron por diferentes patologías y terminaron siendo víctimas de estos microorganismos oportunistas.

A. baumannii es uno, y no solo se encuentra en las instituciones de salud colombianas, sino en las de la mayoría de países del mundo, excepto los nórdicos.

Una persona adquiere el microorganismo por medio del contacto cruzado personal–paciente, a través de diferentes intervenciones realizadas en las salas de cirugía, cuidados intensivos u otros procedimientos clínicos.

La transmisión se clasifica según factores endógenos o exógenos. La primera se produce en pacientes clínicamente enfermos o con algún grado de inmunosupresión, por lo que son más susceptibles a adquirir la bacteria, por ejemplo personas con cáncer o VIH. Entre los factores exógenos están los procedimientos hospitalarios que no cumplen las normas de sanidad, como la desinfección de salas e implementos de cirugía, o la adecuada asepsia del personal médico.

“Por medio de cultivos y pruebas microbiológicas (como el antibiograma), podemos determinar cuáles son las bacterias que generan un proceso infeccioso diferente a la causa de hospitalización por la que ingresa el paciente”, comenta Yazmín León, jefe de Epidemiología de la Clínica de Occidente, quien hizo parte de la investigación.

A. baumannii:agresivo y mortal
La mortalidad varía entre el 40% y el 60%, según el paciente y las complicaciones que presente en el transcurso de la enfermedad. “Cuando la bacteria llega al organismo humano conlleva a desarrollar afecciones como neumonía, meningitis, problemas vasculares y abdominales, entre otras, por lo cual la situación es tan traumática”, asegura el investigador.

Un informe del Grupo para el Control de la Resistencia Bacteriana de Bogotá, adelantado con 36 instituciones de salud del país (29 de Bogotá y 7 de otras ciudades: Armenia, Ibagué, Manizales, Neiva, Popayán, Tunja y Valledupar), revela que desde el 2001 hasta el 2009, 323.108 personas adquirieron infecciones intrahospitalarias.

En Bogotá, durante el 2009, fueron atendidos por esta causa 34 niños y 346 adultos fuera de la unidad de cuidados intensivos, así como 12 recién nacidos, 28 niños y 411 adultos que sí estaban recluidos en dichas salas especiales. En total, fueron diagnosticados 519 pacientes.

El estudio señala que las personas más vulnerables a perecer por la infección son aquellas que demuestran multirresistencia a los antibióticos que la combaten. Lemos asegura que “el microorganismo es difícil de eliminar y esto ocasiona la muerte del paciente”.

“En nuestro medio el panorama del mal uso de los antibióticos es el principal factor que genera la resistencia bacteriana. El problema se debe atacar de raíz, como en los países nórdicos donde existen leyes y restricciones serias para la prescripción y suministro de medicamentos. En salud, esta falta de control representa la muerte”, mencionó Lemos.

Para la epidemióloga León, no existe un control efectivo de la provisión de medicamentos. “Cuando los antibióticos se utilizan en casos innecesarios, como en infecciones virales, se genera una resistencia natural que impide que estos actúen cuando realmente se trate de bacterias”.

Una infección costosa
La investigación dividió los costos en dos: directos, los que tienen que pagar los hospitales o las aseguradoras cuando el paciente se infecta, y los indirectos, que asumen las familias.

“A partir de la técnica de microcosteo, el estudio obtuvo todos los valores asociados a la presencia de la bacteria. El sistema de salud colombiano no realiza con frecuencia este tipo de análisis, por lo cual los resultados demuestran la necesidad de generar políticas públicas, siguiendo los protocolos de la Organización Mundial de la Salud para el control de dichos agentes”, manifestó Liliana Chicaiza, doctora en Economía y Gestión de la Salud.

Los 13 ó 15 millones de pesos que las instituciones gastan por paciente incluyen antibióticos, estancia, insumos, etc. En el 2009, el tratamiento de las personas infectadas costó 727 mil millones de pesos, que habrían podido invertirse en prevención, sin que ello implicara pérdidas humanas.

El gasto adicional, por familia, es mayor a 75 mil pesos semanales y puede alcanzar la tercera parte de un salario mínimo cuando el paciente está hospitalizado hasta por un mes.

El estudio contempló gastos de transporte, medicamentos, alimentación fuera de casa y pérdida de productividad del enfermo. “Asumir esta carga implica sacrificar otras necesidades básicas para la mayoría de familias colombianas. Cuando hay muerte, se ocasionan otros costos”, dijo el doctor Lemos.

Medir el problema sirve para que las instituciones de salud tengan un mayor control de las bacterias, que, aunque siempre existirán, su transmisión debería asociarse a factores endógenos y no exógenos (controlables con medidas rigurosas que eviten la propagación y la alta mortalidad).

“La muerte de cada paciente implica la pérdida del consumo de recursos para el sistema. Esto dimensiona, en parte, lo que significa la enfermedad y la disminución de la expectativa de vida para la población del país”, concluyó Liliana Chicaiza, directora del Doctorado en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional.