19 de septiembre de 2021
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Orlando Cadavid Correa
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El caso Barros Vélez

10 de febrero de 2011
10 de febrero de 2011

Aquí es recurrente que se condene a las personas a través de los medios de comunicación y en actos perniciosos se ejerce una contumaz y arbitraria presión, en casos específicos, y en donde algunos periodistas se convierten en verdugos.

El proceso que ahora tiene tras las rejas al ex alcalde David Barros Vélez, es de legítima acción de la justicia y es así como se le ha demostrado en esta etapa del juicio para que responda  ante la sociedad. Falta la apelación ante el tribunal y del caso la Suprema Corte en casación.

Se escuchó y leyó  a algunos en actitud de doble moral. Para tratar de esconder las presiones que ejercieron públicamente en ese manido proceso salieron a destacar las bondades de unas familias afines al ex alcalde encartado.

Qué falta de personalidad.

Son granujas.

Buscando justificaciones al palo que le dieron al caído, salieron como cualquier  judas a querer reparar lo irreparable a gente que nada tiene que ver en el asunto, pero que les ha servido de escudo para manifestarse como claros defensores dizque de los encumbrados familiares del penado y de paso quedar bien ante los  heliotropos. Es lo único que  les preocupa.

Falta que hiciese una vez pronunciada la majestad de la justicia que ahora salieran a reclamar favor social con los cercanos al reo.

Quieren aparecer limpiándose ante unas víctimas, que ellos con los argumentos que esgrimieron, las hacen más visibles y les reiteran que tienen un bandido en sus entrañas.

En este departamento, siempre se ha convivido  con toda suerte de oportunistas.

A Barros la justicia lo condena y punto. Que pague. Pero aquellos que  salen a reclamar como triunfo y trofeo la cabeza del hombre en desgracia, son  apenas unas rémoras que hasta hace poco vivían detrás de su cola, le hacían alabanzas y le dispensaban genuflexiones. Yo los vi.  Y para no quedar mal con la parentela, les dan pésames en vida, para congraciarse con ellos y evitar que dejen de saludarlos en los velorios o cocteles que es lo único que les preocupa.

Pero “ahí sigue dios echando días”, como decían hace un tiempo, para verlos en la misma, reciclándose con otros para que mientras estén en el curubito sean sus beneficiarios, y por supuesto, sus obsecuentes servidores, entretanto, no llegue el infortunio porque su pequeñez  no  les alcanza para ignorar la fetidez del desgraciado.