18 de septiembre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
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Disentir con argumentos

8 de febrero de 2011

La discusión acrecienta al hombre en términos intelectuales y profesionales, pero también fortalece a la sociedad, en su búsqueda de las mejoras alternativas para mejorar la vida pública.

En Armenia, esa posibilidad de discutir y, sobre todo, disentir, a veces parece perdida en el alud de venias y zalamerías que afloran cuando pesan mucho más los intereses personales que aquellos sociales, colectivos o gremiales. Los gremios de la región han caído en esta última trampa y los hemos visto pausados, relajados o, tal vez, apáticos. Ante esa abulia, muchos constructores del Quindío decidimos participar desde la Mesa de la Construcción, siendo un foro para la discusión de los problemas gremiales, pero también para aquellos que afectan la ciudad y la región. Y vaya que se ha hecho con altura y dignidad.

El año pasado, algunos constructores (destaco entre otros al ingeniero Aurelio Jaramillo y al arq. Édgar Aristizábal) dimos un gran debate (discusión) alrededor de los certificados de paz y salvo del impuesto predial unificado en Armenia en dos sentidos: el primero, que se entregaran con prontitud, pues había una talanquera a raíz de la actualización del catastro; el segundo, que se autorizara un paz y salvo con el pago bimestral o un certificado de estar al día en obligación para el momento de la transacción, pues hasta la fecha se obligaba la liquidación de la vigencia anual para su expedición. Este documento es muy importante para los negocios inmobiliarios, pues el comprador necesita su escritura pública hecha en notaría. Si yo vendo una propiedad, estoy obligado a pagar el impuesto predial unificado hasta la fecha de la venta, no todo el año, como venía sucediendo en Armenia. Por fin, la administración local cayó en la cuenta y flexibilizó esos certificados de paz y salvos al pago bimestral. Cuando el gobierno ya había tomado la decisión, por el trabajo de los constructores, el Comité Intergremial del Quindío envió una carta a la alcaldesa haciéndole la petición en el mismo sentido, teniendo una respuesta positiva en menos de 24 horas. ¡Cómo no!, si el trabajo ya estaba hecho. Indulgencias con padrenuestros ajenos.

Hoy, el tema es otro: la construcción de obras del Plan Departamental de Aguas en cuatro municipios por valor superior a los $4.000 millones. Esa licitación, abierta recientemente, con exigencias de experiencia específica imposible de cumplir por cualquier ingeniero o firma de la región como lo demostró el hecho que ningún quindiano pudo participar en ella, al parecer se declarará desierta después de muchos días en los que se buscó por todos los medios que alguno de los proponentes del traje a la medida pudiera cumplir con todos los requisitos pedidos.

Ahora se podría adoptar por parte del gobierno departamental la figura de un contrato interadministrativo con Multipropósito de Calarcá para que esta entidad, de carácter privado, realice las obras. Lo que quiere decir que, sin licitación, a puro dedo, seguramente siguiendo los consejos del ordenador del gasto de esa plata, serán favorecidos unos amigos de éste. Esto, sobre seguro, no es ilegal, pero tiene el antecedente de la primera licitación. Tanto la contralora Sandra Morelli como el procurador Alejandro Ordóñez pusieron ya ojo a visor en casos similares en Cali y Bogotá, indudablemente también lo harán con Armenia. Pero, y ¿dónde está el Comité Intergremial del Quindío? Creo que es el momento oportuno que se dé un pronunciamiento fuerte de este organismo, exigiendo que se saquen a licitación pública estas obras, en aras de la transparencia, la equidad y el principio de igualdad. Por favor, actuemos, no callemos más. Es necesario incentivar la capacidad de opinar, de disentir, de discutir, que no sea un pecado hacerlo, sino, por el contrario, una virtud de poner sobre el tapete la cuestión de aquello que nos apremia, que nos oprime o, simplemente, nos disgusta en el imaginario colectivo.