18 de mayo de 2021
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Una silenciosa editorial

12 de enero de 2011
12 de enero de 2011

Por: Gustavo Páez Escobar
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gustavo paezEra vago mi conocimiento sobre la Editorial La Serpiente Emplumada, dirigida por la cuentista y poetisa Carmen Cecilia Suárez, y vine a fortalecerlo en la pasada Feria Internacional del Libro al asistir al acto donde fueron presentados varios de sus títulos recientes.

Tres de esas obras ya fueron comentadas en esta columna: La agonía de una flor, novela de Fernando Soto Aparicio; 7 días en El Olvido, novela de Nelson Ogliastri, y Nidos de oropéndola, crónicas de viajes de la escritora holandesa –con amplios nexos colombianos– Loretta van Iterson.

Por otra parte, tuve oportunidad de conocer otros textos publicados este año: Acuarela de sentimientos, de Kathy Durán; Duélete del mal de otro, de Giovanny Sánchez Osorio; El tiempo se gasta buscando lo concreto, de Daniel Zapata; La revolución de los chircales, de Armando José del Valle Rodríguez; El adiós de Otto, de Mauricio Botero Montoya; Que tiren la primera piedra, de Wilson Moreno Palacios; La sirena cuenta cuentos, de Margarita María Suárez; y el segundo libro de poemas de Carmen Cecilia Suárez, titulado Retazos en el tiempo. Ella es autora,  además, de cuatro libros de cuentos, entre ellos el que le abrió los caminos de la fama: Un vestido rojo para bailar boleros (1988).

Sorprenden, fuera de las continuas publicaciones que salen de esta silenciosa  editorial ubicada en el barrio La Candelaria de Bogotá, la alta calidad literaria y el esmero gráfico de las obras. En esta tarea se han comprometido, bajo el liderazgo de Carmen Cecilia Suárez, varios escritores empeñados en impulsar el talento colombiano, grupo del cual hacen parte, entre otros, Gloria Díaz Salom, Benhur Sánchez Suárez, Agustín Morales Riveira, Clemencia Montalvo.  Su afán abarca también a escritores latinoamericanos, y de hecho ya han sido publicadas varias obras de autores oriundos de otros países.

Las colecciones están rotuladas con títulos apropiados para los distintos géneros literarios. El de poesía lleva el nombre de Laura Victoria, idea que debe celebrarse como muy acertada, al destacar la imagen de la inmensa poetisa boyacense cuya fama traspasó las fronteras patrias en las décadas del 30 y 40 del siglo pasado. Hay un hecho coincidente: conforme Laura Victoria fue la pionera de la poesía erótica en Colombia, Carmen Cecilia Suárez tiene alta figuración como autora de cuentos eróticos.  

En su caso, sin embargo, habría que decir que aunque ostenta la fama de cuentista erótica a raíz de Un vestido rojo para bailar boleros, la mayoría de sus cuentos no pertenece a dicho género. Me parece que su cuentística en general, aunque movida por fuertes emociones del alma, está dirigida a acentuar la soledad, la nostalgia, la tristeza y la evocación. Su énfasis está puesto en la naturaleza femenina, en el alma vehemente de la mujer, y de ahí se derivan la ternura, el ensueño, la intimidad de muchos de sus relatos, e incluso los tintes de pasión amorosa –lindantes algunos con la patética escena sexual–, sin que por ello pueda afirmarse que toda su literatura está manejada por el erotismo.

Algunos de los trabajos de Carmen Cecilia tienen más el carácter de crónicas, y otros de cartas o poemas de amor, que de cuentos estrictos en el usual  sentido literario. Pero hay emoción y belleza, y tales ingredientes crean momentos gratos, primer requisito de la narrativa. La brevedad y agilidad de gran parte de los relatos, algunos rematados con fascinantes finales súbitos, atrapan el ánimo del lector. 

El emblema de la Serpiente Emplumada –una deidad de la mitología maya que imperaba sobre el resto de dioses– es afortunado para el bautizo de esta producción bibliográfica. Más aún si, de acuerdo con la leyenda, este soberano les enseñó a leer a los mayas, según me cuenta Carmen Cecilia.