16 de mayo de 2021
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Una bomba de tiempo

23 de enero de 2011

Los dos jóvenes, enamorados y felices, hacían investigación para su tesis. Sí, su muerte generó revuelo, pese a no ser una novedad ni en el país ni en Córdoba, donde fueron vilmente asesinados por paramilitares.

De nada sirvió el proceso de desmovilización; ni que algunos de la cúpula paramilitar estén hoy purgando sus penas en Estados Unidos. Su estructura está intacta y sus prácticas igual o más violentas, aunque menos organizadas. La diferencia ahora es que a los 'neoparamilitares' se les esconde tras el eufemismo de "Bacrim".

Lo más grave es que el Eln y las Farc están trabajando con ellos. En Urabá, por ejemplo, con alianzas respetan sus territorios y evitan enfrentamientos. En el Chocó, donde permanecí secuestrado, desmovilizados de la guerrilla que se movían por esa zona, señalan que paras y guerrilla se han puesto de acuerdo para respetarse. Así sucede en el corregimiento La Italia, del municipio de San José del Palmar.

Los armados entendieron que tienen un enemigo común: el Estado. Los paras no tienen como objetivo acabar con la guerrilla, como lo predicaban en su momento Castaño y Mancuso. Ahora son sus aliados y es a sus antiguos enemigos a quienes les venden la coca.

No hay otro país en América Latina que muestre una violencia tan profunda, compleja y persistente como la colombiana. En 2009, según Medicina Legal, fueron asesinadas 17.177 personas. Para la muestra un botón: la tasa de homicidios en Colombia es ocho veces más alta que el promedio mundial.

Nuestra tragedia nació en la Conquista; en la Colonia acuchilló a los indígenas y golpeó a los esclavos negros; aterró en la Independencia; y furiosa irrumpió en las tantas guerras civiles. Enrique Santos Calderón señaló, en alguna ocasión, que no podemos olvidar que "el país entró al siglo XX en medio de una lucha fratricida que dejó cien mil muertos en una población de cuatro millones".

Lo cierto es que hoy Colombia sigue protagonizando una violencia social y política que rebasa todos los límites. Esa misma que, en una sola población como San Bernardo del Viento, dejó 30 víctimas en 60 días.

Estos y otros asesinatos muestran que los avances en seguridad no son suficientes para afirmar que el país se ha recuperado. En la zona donde se produjeron los asesinatos de los dos jóvenes universitarios ya no mandan dos grupos paramilitares, como antes de la desmovilización. Son siete las estructuras que se enfrentan allí. ¡Y se han ramificado por todo el país!

Uno de cada 10 exparas o exguerrilleros, vuelve a las actividades criminales por la poca eficiencia del Programa de Reinserción, ofrecido por el Gobierno y duramente cuestionado por analistas del conflicto en Colombia.

¿Será que no escuchamos, en nuestras propias manos, el persistente tic tac de una espeluznante bomba de tiempo? ¿Se darán recompensas también por los asesinos de cientos de anónimos ciudadanos caídos en los últimos meses en Córdoba? Es hora de reconocer que la medicina de la desmovilización fue apenas un placebo. Estamos parados ante la era del 'neoparamilitarismo' y para combatirlo urge una reingeniería en la seguridad rural y urbana.