14 de mayo de 2021
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Potenzado, de últimas, dos puntos

11 de enero de 2011
11 de enero de 2011

Dicho de una pieza: Terminada en una potenza”. (No sobra anotar que el origen remoto de estas palabra es el latín potentia, que significa fuerza, poder, potencia; potenza, en italiano). Pero no, el columnista Abdón Espinoza Valderrama, el mejor cultor colombiano de la subjuntivitis, me abrió las entendederas, y me enseñó, sin explicación alguna, que el adjetivo potenzado-a significa no sólo “con potenza”, sino algo diferente. Dice así: “Existió sí el proyecto de otro tipo de avenida con cables potenzados en algunos tramos para llevar diariamente a la población a un centro único y sacarla en las tardes a los barrios dormitorios del resto de la ciudad” (El Tiempo, XII-23-10). Según el ingeniero Alejandro Marín Tamayo, cuando se habla de cables potenzados, se está haciendo referencia a un sistema de pavimentación (aún no puesto en práctica en Colombia) en el cual, antes de vaciar el concreto en las vías de tráfico pesado, se tienden cables de acero, reforzados (digo yo), especies de anclajes sometidos a fuertes tensiones, y, ¡ojalá!, cubiertos con alguna sustancia especial que evite su corrosión. Con todo esto se logra una gran resistencia mecánica, aun en deficientes condiciones de curado. ¡Algo nuevo se aprende todos los días!

Es, me parece, una expresión corriente en Cundinamarca y Boyacá. Lo digo, porque se la escuchaba con mucha frecuencia a mis compañeros de estudio de esas regiones. Me refiero a “de primeras”, “de últimas”, y otras similares, con las que expresan el orden de llegada o de algo parecido. Como muestra, aquí está este botón: “Los mejores regalos de Navidad se dejan de últimas” (El Tiempo, Guillermo Santos Calderón, XII-20-10). Es, por lo tanto, una locución costumbrista, pero que entraña un error garrafal de concordancia. Porque, como último-a es un adjetivo, debe concordar en género y número con el nombre al que califica, regalos, en la muestra del periodista bogotano, que debió construir la frase de esta manera: “Los mejores regalos de Navidad se dejan de últimos”. Lo que se aprecia mejor si redactamos con el sujeto singular, así: “El mejor regalo de Navidad se deja de último”. No quedaría bien de esta guisa: “El mejor regalo de Navidad se deja de última”. Elemental. Otro gallo nos despertaría si las dichas expresiones fueran adverbiales, porque serían invariables. Pero no lo son. Son sencilla y llanamente complementos circunstanciales de las respectivas oraciones.

Aunque el signo de puntuación dos puntos (:) a veces reemplaza a la coma, y viceversa, su uso excesivo es molesto, repudiable y no siempre acertado. En su artículo, “¡Ojo con la cultura light!” (EL Tiempo, XII-26-10), el jesuita Alfonso Llano Escobar echa mano de ese signo de puntuación 24 veces. ¡Veinticuatro veces! Sería necesario espulgarlas todas y cada una para saber en cuántas está bien empleado el signo, en cuántas es necesario, y en cuántas es redundante. La primera es ésta: “Advirtiendo que la vida de estas personas, sus gustos y ocupaciones se miden por: el patrón gay, la muerte, el libro, entre otros”. En esta oración, así redactada, sobra el signo de puntuación. Pero si escribe así: “…se miden por los siguientes patrones: la cultura gay, la muerte y el libro, entre otros”, se justificaría su empleo y tendría explicación ese “entre otros”, que en la original queda como mosca en leche. ¿Otra muestra? Ésta: “Claro: le quita lo esencial de todo, y no queda más que…”. Entre nosotros hay también escritores que caen en el mismo foso. De la siguiente guisa escribió el señor Uriel Ortiz Soto: “…eligiendo correctamente a quienes han de ser nuestros: Gobernadores, Alcaldes; Diputados, Concejales y Ediles” (La Patria, “Querido Niño Dios”, XII-28-10). En esta frase sobra el signo tratado, y el punto y coma debió ser cambiado por una coma. No hay razón gramatical alguna que justifique la separación, mediante un signo de puntuación, del adjetivo posesivo de su respectivo sustantivo; como tampoco, la inclusión del punto y coma en una enumeración sencilla. Los dos puntos se emplean especialmente antes de citar palabras textuales (Como dijo Chávez: “No somos todos los que estamos, ni estamos todos los que somos”); delante de una enumeración explícita (Los ingredientes para un buen sancocho son los siguientes: yuca, plátano, etc.); después de las fórmulas de cortesía (Apreciado señor: Como le decía en mi mensaje anterior…); y, en la narración, antes de empezar los diálogos (“…y despertó al condenado con una frase premonitoria: -Vamos, Buendía –le dijo-. Nos llegó la hora” –GGM, “Cien años de soledad”).  Hay otras circunstancias gramaticales en las que se pueden usar o los dos puntos o cualquier otro signo de puntuación, elección que queda al buen criterio del redactor, después, por supuesto, de un concienzudo análisis.