27 de mayo de 2022
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El rey del primer párrafo

16 de diciembre de 2010
16 de diciembre de 2010

OTRAPARTE
Por Óscar Domínguez G. (*)  

oscar dominguez

El periodista Antonio Pardo García se inició hace 60 años en El Correo , de Medellín. Completaba la quincena recibiendo cables de Associeted Press, AP, por el sistema morse. A Pardo, de eterna juventud, le he escrito unas líneas:

Ni sueñe, Don Antonio, que voy a dejar que este año se vuelva noche sin soplarle mis felicitaciones por sus primeros 60 años al servicio del periodismo.

Usted figura en mi disco duro como uno de mis primeros maestros en este oficio de nunca acabar, de siempre empezar. Y aprender.

Desde cuando lo conocí en Todelar de la 19 con 5ª -año de 1968- han pasado muchos carros bajo los puentes de la Calle 26 de Bogotá, la gélida ciudad que usted quería abandonar, acobardado por el frío.

Menos mal, su jefe de entonces, el Mariscal Alzate Avendaño, le prestó su gabardina italiana con la que le escurrió el bulto al clima. Se quedó para ser uno de los grandes de este destino.

Usted escribió los mejores párrafos de entrada que he leído. (Apenas le gana Moisés con el "lead" o entradilla del Génesis: "En el principio creó Dios el cielo y la tierra").

Era usted el mejor jefe de relaciones públicas de sus encabezados. Solo les faltaba música de tango o de bolero, sus preferidas. Con una noticia suya se podía bailar.

Sus textos eran tan bien confeccionados y coloridos como sus audaces vestidos. Con la misma ropa con que escribía "rumbiaba" en la discoteca "La Bomba". Viéndolo trabajar encontré una estrecha relación entre la forma de vestir y el ejercicio periodístico.

Escribía rápido. E iba al grano. Repetía en voz alta los textos para pescarlos desde inconsistencias hasta horrores gramaticales.

Me alegra haber sido patinador estrella en ese Todelar donde compartía responsabilidades de director con Gabriel Cuartas Franco y el "Loco" Alberto Giraldo.

Usted hacía las cosas bien, como Carvajal. No sólo las tareas de reportería, sino otras de envergadura, esas que tenían que ver con la planeación de grandes eventos. Repicaba y andaba en la procesión.

Increíble verlo de nuevo, con el vigor y rigor de siempre, trabajando en un libro sobre periodismo que será de provechosa y obligatoria lectura para profanos y especialistas.

Si mantener los arrestos y la alegría de los primeros años, ahora que peina canas, no es haber encontrado la fuente de la eterna juventud, que me devuelvan la plata.

Me tomo por asalto la vocería de quienes fuimos sus pupilos para agradecerle luces tantas. En el amor, somos la suma de las mujeres que hemos amado y desamado. En el trabajo, la mezcla de los maestros que nos enseñaron las vocales del oficio.

Fuimos afortunados con la escuela de Todelar que comandaba usted con mano tendida y pulso firme. Mejor no le quito más tiempo para que acaricie el gato, mime a sus nietos y termine el libro.