23 de mayo de 2022
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Detectan fallas geológicas del Machín

12 de diciembre de 2010
12 de diciembre de 2010

Poco nombrado hasta hace unos dos lustros, el volcán Cerro Machín se confunde, por su baja altura, con la topografía de la región. Su cráter abarca 2,4 kilómetros de largo y está ocupado por conos (montañas) que se formaron progresivamente en el cerro con erupciones lentas de lava.

Durante octubre de este año se registraron 2.006 sismos de baja magnitud y se reportaron ascensos en los niveles de actividad, con magnitudes que oscilaron entre 0,73 y 3,5 en la escala de Richter, según reporte del Instituto Colombiano de Geología y Minería (Ingeominas).

Carlos Alberto Vargas, profesor del Departamento de Geociencias y director del Grupo de Geofísica de la Universidad Nacional de Colombia, junto a estudiantes del posgrado de Geofísica examina desde hace cinco años la estructura interna del Machín, y según él “la actividad de este cráter es parte de la amenaza que configuran todos los volcanes del mundo”.

Ruidos, ¿nada que temer?

Inicialmente, el grupo rastreó los tramos de la carretera que comunica a Armenia con Ibagué –despensa agrícola del país–, donde se ubica el volcán Cerro Machín, a 7 km del casco urbano de Cajamarca y a 35 km de Ibagué, sobre la vía Panamericana.

Allí instalaron 36 estaciones sismológicas, aparatos de alta sensibilidad que miden los movimientos del suelo, es decir, sismos de baja energía cuyos registros se parecen a los que reporta un electrocardiograma.

Estos equipos fueron prestados por el consorcio Iris–Passcal, que integra unas 70 universidades norteamericanas y del cual hace parte la Universidad Nacional de Colombia como miembro extranjero.

Como la idea era analizar la estructura de la cordillera Central, el origen del vulcanismo aledaño a la zona y recoger información sobre el espesor de la corteza, los geólogos realizaron cinco detonaciones de 100 kg de dinamita, semejando una ecografía materna, es decir, impactando una zona para que emitiera señales. En el caso del procedimiento realizado en estas capas de suelo, se registraron perturbaciones desde Calarcá hasta Ibagué.

El profesor Vargas explica que, con el estudio realizado, no fue tan evidente la presencia de vulcanismo activo, o sea, lava fundida con alto contenido en gases, dióxidos, sulfuros o vapor de agua, propios de la actividad de un volcán. “En cambio, sí nos sugirió la existencia de una interacción entre las fallas geológicas Machín y Cajamarca, que han permitido la infiltración de aguas termales y con algún contenido de sustancias como azufre”, lo que hace que el cerro emita ruidos producto de la fisura interna.

Una segunda fase consistió en aplicar tomogramas, imágenes similares a los TAC (tomografía axial computarizada) que se utilizan en medicina para analizar órganos internos. Así, los investigadores sacaron fotografías por cada una de las secciones o capas de la Tierra para analizar las estructuras internas.

Como lo reporta el profesor Vargas, más allá de la sismicidad detectada y la ocurrencia de aguas termales en la superficie, con las pruebas aplicadas sobre la actividad del Machín no ha sido contundente la detección de magmatismo activo, definido como una mezcla de roca fundida y gases a alta temperatura que tiende a subir a la superficie para convertirse en lava.

Para el profesor Gonzalo Duque, del Departamento de Ingeniería Civil de la Sede Manizales, la altitud del Cerro Machín (2.750 msnm) produce una mayor energía potencial porque el magma tiene que ascender apenas la mitad de lo que debiera en una cumbre como la del Ruiz, donde la altitud es del orden de 5.300 msnm. “Esa menor altura significa un ahorro de energía que queda disponible para hacer una erupción de mayor magnitud, en caso de que se diera”.

Para el grupo de geólogos y geofísicos de la UN en Bogotá, la conclusión es que existe un rompimiento interno ocasionado por el choque de dos fallas geológicas que se cruzan: Machín y Cajamarca, “ello explica los ruidos y el potencial ascenso de material desde su profundidad”. Nada que temer.

El Túnel de La Línea

Según el ingeniero Néstor Ocampo, director de la Fundación Cosmos, que estudia el Machín, al proyectar el Túnel de La Línea, que comprende la construcción de la carretera del sector Calarcá – Cajamarca, no se tuvo en cuenta la existencia del volcán como posible amenaza, a pesar de las recomendaciones de Ingeominas.

La construcción de este paso subterráneo hace parte de la megaobra Cruce de la Cordillera Central: Túneles del II Centenario y Segunda Calzada Calarcá –Cajamarca. Inició en el 2009 y proyecta su culminación en el 2013, según Ana María Yarce, gerente del proyecto, quien afirma que ya hay 1.530 metros excavados de 8.800 que entrarán a operar en tres años. Una vez concluida la obra, se reducirá de 45 a 33 km el tramo.

Mario Duque, supervisor de proyecto del Túnel de La Línea, explica que en los estudios de factibilidad para determinar los puntos de la cordillera Central por donde se debía maniobrar, se plantearon tres alternativas, de las cuales se escogió la que corresponde al trazado actual y que en caso de erupción del Machín sus accesos sufrirían en menor proporción.

El profesor Vargas señala que la actual carretera Ibagué – Armenia, a pesar de haber tenido diseños con deficiencias geométrica (muchas curvas en distancias muy cortas) y geotécnica, concernientes a la estabilidad del suelo, “ha demostrado su sostenibilidad por más de medio siglo”.

Entretanto, la subdirectora de Ingeominas ha insistido en que la ubicación del volcán Machín, respecto al Túnel de La Línea, permite descartar que estén relacionados y su actividad tampoco tiene conexión con la construcción de la obra. “El país no puede detener su desarrollo a la espera de si ocurre o no un evento natural”, puntualiza.

Planes frente al riesgo

El profesor Gregory Robertson Kim, geomorfólogo de la UN, explica que la actividad del volcán indica que algo se está moviendo por dentro, que hay vapores asociados con fumarolas, pero señala: “Hay tiempo para manejar la situación con la debida anticipación y precaución, ya que a diferencia de los terremotos, los volcanes sí avisan”.

Para el profesor Duque, es necesario implementar una previsión general que involucre la educación básica, el monitoreo volcánico y la preparación de planes de emergencia y organización comunitaria, pues la realidad ha demostrado que más vale estar dispuestos para atender cualquier emergencia.

Un Periódico