27 de mayo de 2022
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

A veces llegan libros.

12 de diciembre de 2010
12 de diciembre de 2010

Entonces fue cuando mencionó el nombre y, claro, me sorprendió saber que esa persona hubiese escrito un libro, y mucho más, que fuese de historia regional.

Nos pusimos una cita y así pude conocer el libro, voluminoso, con pasta dura y una hermosa ilustración que sugiere el tema relacionado con la colonización antioqueña. La pintura de la carátula es la obra de Francisco Cano, llamada “Horizontes”.

El título del libro es “Tras la huellas de la Concesión Aranzazu en la colonización antioqueña”, impreso en Manizales en la editorial Manigraf y con un total de 590 páginas.

El abrebocas del libro se encuentra en la contracarátula, cuando el autor afirma: “Investigadores  y estudiosos de relumbre, abstraídos por la personalidad, inteligencia, nombradía e inmensurable cultura de don JUAN DE DIOS ARANZAZU, omitieron o acaso eludieron en sus documentos escritos, el juicio al latifundista, usurero, sofista y usurpador de tierras…”

Estamos ante un caso en cual se hace una reescritura de la historia regional, donde amparado en documentos de primera mano, el autor dibuja, devela esa parte más oscura que clara de la vida de un hombre que por sus grandes influencias llegó a detentar un poder inmenso que muchas veces descargó sobre los inermes colonos antioqueños que desde finales de siglo XVIII comenzaron a buscar tierras para descuajar el monte y sembrar cultivos de pancoger, explorar cementerios indígenas y consolidar una red comercial.

He dicho que la historia definitiva es una utopía. Quienes escribimos historia lo hacemos desde una perspectiva teórica, ideológica, eso sí, con un respaldo documental que nos  informe de los hechos; pero es en la interpretación (siempre subjetiva) en donde cabe perfectamente la diferencia, la percepción y valoración distinta que pueden dar los autores.

Por lo anterior, no se sorprendió el texto en tanto desmitificar personajes y hacerlos descender de unos altares de la historia en donde inmerecidamente estaban ubicados. Porque la astucia, la osadía, la “viveza”, cuando se convierten en conductas cotidianas, sin que estén mediadas por un código ético, conducen al derrumbamiento de una sociedad, en la medida que se aplaude una conducta en la cual se privilegia el egoísmo, la rapacidad y la búsqueda del menor esfuerzo para la obtención de ciertos fines.

El libro tiene un mérito extraordinario y deberá ser de consulta obligatoria para quienes quieran conocer muchos pasajes de la colonización antioqueña, que hasta momento no han tenido la visibilidad que de muchos fenómenos se encuentra en esas historias de epopeyas que contienen más prosopopeya que investigación seria sobre este tema que por mucho tiempo estuvo monopolizado por la visión parsoniana.
Hay un aspecto sobre el cual quisiera plantear un punto de vista diferente. El autor cita a Javier Ocampo López para afirmar que “La resistencia del Cacique Maitamá y los indios Armados o Coycuyes…”, cuando investigaciones recientes afirman que los Cuy-Cuyes no hacían parte de los Armados. Dice Jorge Gamboa: “Los equívocos han pasado a investigadores actuales como Javier Ocampo López, quien también identifica a los Cuy-Cuyes como parte de los Armas, opinión que comparten igualmente el autor de la historia de Abejorral, Hernán Henao.” El hecho es que los Armados y los Cuy-Cuyes no hacía parte de la provincia de Tamahí, que se encontraba ubicada al norte de lo que hoy es Santafé de Antioquia.
Por lo demás, el texto, como lo dije antes tiene una gran rigurosidad, y como diría Otto Morales Benítez, el autor se “regodea” en el proceso de colonización de muchos de los pueblos ubicados al sur de la antigua provincia del sur de Antioquia.

El nombre del autor, Iván Roberto Duque Gaviria, oriundo de Aguadas, no nos dice mucho, toda vez que por varios años utilizó el seudónimo de “Ernesto Báez de Serna”, en la autodenominada organización de Autodefensas Campesinas. En este momento se encuentra recluido en la cárcel de Itaguí, luego de haberse acogido al programa de Justicia y Paz.

Estamos ante la presencia de una obra escrita por un abogado que fue subgerente del Terminal de Transportes de Manizales, presidente del Concejo municipal de Puerto Boyacá, Secretario General y Gobernador encargado de Boyacá. Acusado de recibir apoyo de las Autodefensas, pasó la clandestinidad a partir de 1997.

Bienvenido el nuevo historiador regional.