2 de octubre de 2022
Directores
Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez
Ximena Giraldo Quintero

Y pasó un cuarto de siglo

6 de noviembre de 2010
6 de noviembre de 2010

Eran pasadas las 11:30 de la mañana del 6 de noviembre de 1985, un grupo de periodistas habían abandonado la sede de la Caja Agraria, en donde habían asistido a una rueda de prensa y al ir a buscar un alimento para seguir las labores, fueron interrumpidos por los escándalos de los transeúntes y los disparos que salían de la entrada del sótano de uno de los edificios más modernos y de más renombre que había en la capital colombiana, precisamente en el corazón de la misma, pues estaba a solo unos 500 metros de la Plaza de Bolívar.

No se pueden olvidar esos momentos dramáticos, porque al correr al lugar de los hechos y preguntar lo que había sucedido la respuesta fue seca y clara, el M-19 se ha tomado el Palacio en donde funcionaban las Cortes y se hacía cumplir la justicia en Colombia. El M-19 era un grupo conformado por profesionales en su mayoría que buscaban según ellos y su doctrina el bienestar de los menos protegidos y que se habían hecho famosos por el secuestro del dirigente sindical José Raquel Mercado y el robo de la espada de Bolívar, de la Quinta del mismo nombre.

Los minutos de la toma fueron tensos, se escuchaban disparos de manera distanciada y cuando menos se pensó, la Plaza de Bolívar de Bogotá fue el centro de concentración de las fuerzas militares, de policías, cuerpos secretos del Estado y de un enjambre de periodistas que apareció como desde el cielo, tratando de conseguir un buen lugar para cubrir lo que estaba sucediendo, sin importar los codazos y las palabras de grueso calibre entre colegas y gente de la fuerza pública.

Desde los estudios de las principales emisoras se pedía, o mejor, se exigía al periodista de turno que dijera pronto que era lo que estaba sucediendo pues nadie creía que eran necesarias muchas horas para que el desenlace trágico terminara.

Los comunicadores apostados en un tercer piso, casi a la altura del edificio del Palacio de Justicia, fueron testigos presenciales de los operativos que estaban sucediendo en aquel momento y fue sin duda el momento más difícil, cuando aparecieron los carros Cascabel del Ejercito y se escuchó un gran estruendo, habían diálogos entre el Presidente Belisario Betancur y los ministros del despacho, mientras que se escuchaban los gritos de auxilio y las declaraciones llenas de angustia de parte del Presidente de la Corte y de varios magistrados que pedían que se llegara a un acuerdo, porque los estaban matando a todos.

Fue muy difícil cuando uno de los camarógrafos del noticiero Cinevisión llamó a este periodista que estaba a su lado tratando de conseguir un tinto para respirar ante lo que se veía a la distancia, pues era de los que estaba en ese tercer piso en donde funcionaba la oficina de un abogado amigo de los comunicadores, pues el camarógrafo quería que viera lo que estaba sucediendo y fue cuando comenzó a salir humo y se veía correr a las personas, hombres y mujeres escaleras arriba y escaleras abajo pidiendo auxilio desde la distancia, pero fue más grave cuando se anunció la llegada de uno de los helicópteros de la Policía, que traía uno de los oficiales que había sido entrenado en Israel para asuntos antiterroristas, el espectáculo fue asombroso, se vio una mujer de vestido camuflado acostada mirando hacia arriba y disparando su arma de fuego contra el oficial que bajaba de las alturas, el que fue herido y del que nunca se dijo que suerte fue la que corrió.

Las horas corrían, son las 4:30 de la tarde y todavía estamos en el lugar, lo peor del caso es que tenemos hambre, el abogado y su secretaria alcanzaban hacer alcanzar el poco café que habían porque en total éramos 10 periodistas, pero todos nos dábamos fuerza y decíamos que más tarde comeríamos, corrían las horas, desde el Palacio Presidencial no habían respuestas y las palabras de Yamid Amat, se escuchaban entrecortadas, y furiosas, quería saber que era lo que estaba sucediendo y buscaba contactos con quienes estaban dentro del Palacio, pero el silencio era aterrador por momentos, de verdad lo que se vivió allí en estas primeras horas fue un verdadero infierno, pues no se sabía cuántas personas estaban en su interior, cuantos estaban heridos y cuantos habían fallecido, pues nadie decía la verdad de lo sucedido.

Los voceros del Gobierno decían que todo estaba bien, que la situación estaba controlada, pero llegó la noche y la incertidumbre creció y este 6 de noviembre paso a la historia de todos los que estuvimos por uno u otro motivo en ese infernal lugar a ser algo que queremos olvidar para siempre.

Como pudimos, tratamos de pasar una larga noche y cuando menos pensamos ya estábamos en el otro día y el drama era cada vez más grande, las Fuerzas Militares trataban de tomarse el lugar, se escuchaban ráfagas de disparos de vez en cuando y solo fue a la media mañana del 7 de noviembre cuando comenzaron a rescatar a algunos de los sobrevivientes y los periodistas llegamos hasta donde estaba el comandante que era el hoy General Plazas Vega para preguntarle sobre el resultados y se mostraba satisfecho de lo logrado, porque se había hecho todo lo posible por mantener el orden.

No nos quedó muy claro que fue lo que pasó con los desaparecidos, porque vimos salir muchas personas del Palacio de Justicia, las que fueron llevadas a la Casa del Florero y luego en carros del Ejército a lugares que nunca se supo.

Hoy 25 años después, siento escalofrío y ya no tengo lágrimas porque fueron muchas las que derramé esa noche y ese día, quizá fueron dos días de los más difíciles que he tenido que vivir como periodista, porque parecía que el mes de mi cumpleaños (noviembre) en ese año, 1985, tuviera el sino trágico, porque una semana después estaba cubriendo el desastre de Armero.

A mi manera de ver, ya no se recuperan las vidas que allí se perdieron, pero si estoy de acuerdo con los que le exigen al Gobierno y a las autoridades de entonces para que expliquen donde están los desaparecidos hasta ahora, no para que les den cristiana sepultura, sino para tranquilidad de sus deudos.