20 de octubre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Libelos y memorias

3 de noviembre de 2010
3 de noviembre de 2010

Los muchachos recrean los 200 años de la Independencia a través del arte de las tablas, pero esta vez, al aire libre, en espacio abierto, y con las mil miradas de la violencia en Colombia en los últimos 500 años.

Hay en escenas cinco mujeres y tres hombres, una voz cantante y un violín, vestido de mujer con traje negro, que se lleva a cada instante, a golpes, a cuchillo, a bala, a hombres y mujeres como en la realidad colombiana. Y, por supuesto, está la madre, aquella dolorosa que gime, que llora, que sufre todas las muertes. ¡Pueblo indolente, no eres consciente de tu historia, de tus dolores, tienes una memoria frágil, fragmentada, olvidadiza¡ grita desde lo alto del carro cementerio, donde hay cientos y cientos de cruces y millones de gusanos que engullen nuestros muertos de las mil batallas y masacres que ha vivido el país.

Aparecen las voces indígenas que ahogaron los conquistadores y los afligidos negros que fueron martirizados en las minas y en las grandes plantaciones de terratenientes; y los llaneros y militares de la Independencia, y las mujeres olvidadas por la historia, y luego las guerras civiles de la primera república. Y más adelante los campesinos de azul y rojo que se mataron durante más de diez años por defender un partido que no era de ellos, que pertenecía a la oligarquía y a la élite burocrática nacional. Y luego, las guerrillas, los paramilitares, los militares, los narcotraficantes, todos matando hombres y mujeres, sin piedad. Y en lo alto del carro-cementerio la madre sigue llorando y clamando, pero a veces, la iglesia, representada por el virrey o por el obispo, disculpando los muertos, o mejor, los asesinos. A mi lado, Jerónimo llora con las escenas de muerte. No lo conozco, no es amigo mío, es casi un bebé que, de pronto, recuesta su cabecita en mi hombro, como buscando un protector. “No es cierto”, le digo. Pero él me mira con los ojos inundados, con una tristeza profunda, tan profunda, que yo también derramo una lágrima.

La violencia nunca ha cesado en Colombia, parece decirnos esta obra que atrajo al público de Caldas, en el reciente Festival Internacional de Teatro de Manizales, y que fue llevada desde Armenia por Teatro Azul. El director, Leonardo Echeverri Botija convocó a través de facebook a jóvenes de Armenia para montar la obra que él escribió, con la musicalización del maestro Deiner Sergio Hurtado.

Teatro Azul con su puesta en escena llamada Libelos y memorias fue uno de los invitados especiales al festival, donde tuvo tres presentaciones en tres escenarios distintos, y en todos fueron aplaudidos a rabiar. Es un orgullo para el Quindío. Personalmente destaco el libreto de Echeverri, me encantó la música, pero sobre todo, la expresión, los rostros de los jóvenes en cada escena. El montaje fue posible por el apoyo del ministerio de Cultura, la gobernación del Quindío, pero también de empresas como Sándwich Cubano, Casa del Caucho y Real Editores. Esta excelente obra se presenta este jueves 4 de noviembre en el centro cultural metropolitano de convenciones, a partir de las 7 de la noche con entrada libre. No se la pierdan.Crónica del Quindío.