7 de mayo de 2021
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Doble patología

28 de noviembre de 2010

Muy simple. Uribe fue un Presidente sordociego y confió demasiado en un grupo de colaboradores que decían cumplir sus orientaciones y hacían exactamente lo contrario. Ninguno le habló nunca la verdad, a pesar de que él –¡alma bendita!– les aconsejaba el bien y les exigía cumplir sus deberes con arreglo a la ley. Al contrario, le explotaron esa doble patología que le cortaba el contacto con la mayoría de los ministerios, los departamentos administrativos y los entes descentralizados.

La doble patología era, empero, muy singular. Su noble obsesión de acabar con la guerrilla lo aferraba a las medallitas de Santa Lucía y San Francisco de Sales, patronos de los ciegos y los sordos, respectivamente, para que le hicieran el milagro de ver y oír en las reuniones donde se planeaban las operaciones contra los frentes subversivos y, en especial, en los actos públicos en los cuales cobraba los trofeos por sus épicas hazañas. Las medallitas funcionaban.

Lo demás no lo veía ni lo oía. Las medallitas dejaban de funcionar. Por eso todavía no sabe qué pasó con los falsos positivos, las chuzadas, Agro Ingreso Seguro, Banagrario, Fondelibertad, Estupefacientes, las visitas de Job a la Casa de Nariño, la DIAN, Incoder, Ingeominas, Inco y el Inpec.

Sólo entonces el país comprendió que estábamos ante un cuadro de sordoceguera aguda. No es que las responsabilidades del Presidente fueran divisibles por gusto de los falsificadores de la historia, sino que es cero retina y cero cóclea. Eso lo sabían Bernardo Moreno, el curita Velásquez, Edmundo del Castillo, sus directores del DAS, Andrés Uriel Gallego, Andrés Felipe Arias, José Obdulio y el resto de un sanedrín de pérfidos que, sin designios superiores, convirtió el abuso de la función pública en una olimpiada de raposerías.

Si no ve ni oye, ¿cómo acusar al ex mandatario de haber conciliado sus devociones con tantas temeridades? ¿Cómo culparlo de que su pueblo resultara más fácil de conmover que de convencer?

Nadie se percató de que a Álvaro Uribe Vélez lo limitaban los ojos y los oídos, ni en el 2002 ni en el 2006. Por dicha, siete magistrados de la Corte Constitucional lo advirtieron en febrero de 2010 y nos evitaron seguir gobernados por un Presidente que ignoraba las cosas feas que sucedían en su administración. Supimos que supo de la decisión fatal, sin usar de nuevo las medallitas, porque empezó a perder sus encantos y a transmitir los sufrimientos del poder.

El próximo 1º de diciembre se instala el II Congreso Iberoamericano de Implantes Cocleares aquí en Cartagena. Ni mandado a traer para que Uribe sea implantado. Media solución. La otra media vendrá en junio del 2011, en el V Congreso Hispanoamericano de Extirpación de Cataratas Congénitas, que se reunirá en Panamá y del cual será maestra de ceremonias María del Pilar Hurtado. Hoy por mi asilo –dirá ella–, mañana por tu vista. El Universal.

*Columnista y profesor universitario