15 de agosto de 2022
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

De la gestión del riesgo por las amenazas naturales

6 de noviembre de 2010
6 de noviembre de 2010

Este hecho invita a reflexionar un poco sobre la enorme capacidad humana, la que se evidencia al haber logrado un desarrollo tecnológico capaz de desviar cometas o meteoritos de alto riesgo, lo que se prueba con  los logros de la misión Impacto Profundo enviada desde la Tierra en 2005 para provocar la colisión de un misil sobre un cometa, y ahora los de la sonda estadounidense Epoxi que se acercó este jueves a unos 700 kilómetros del núcleo para lograr la imagen cercana de otro.

Como quiera que detrás de esta proeza lo primero que se advierte es el fruto de la aplicación de recursos económicos, técnicos y humanos destinados a la investigación, al ver alcanzadas unas metas que exigen políticas y procesos de largo aliento necesarios para consolidar el citado desarrollo científico, inevitablemente debemos empezar por reflexionar un poco sobre cuáles son las prioridades sobre las cuales debemos aplicarnos en la mitigación del  riesgo asociado a los fenómenos naturales, cuya orden de importancia en magnitud por lo general es inversamente proporcional a su frecuencia temporal: de mayor a menor magnitud, tendríamos, caída de meteoritos,  erupciones volcánicas, grandes sismos, deslizamientos importantes, e inundaciones rápidas o lentas; y en consecuencia, estos últimos eventos de la lista, los de menor magnitud, resultan ser los de mayor probabilidad de ocurrencia.

Todos sabemos que existe una amenaza real asociada a una colisión, puesto que nada impide que podamos ser alcanzados por un cometa o meteorito. Y aunque esto podría ocurrir tarde que temprano, necesariamente igual consideración deberíamos tenerse respecto a la ocurrencia de  eventos más locales, como una erupción volcánica importante, ya sea del Galeras, el Machín, el Huila, el Ruiz o Cerro Bravo, o de un sismo superficial de intensidad relevante causado por una fuente sísmica vecina a una de las grandes ciudades de Colombia, como Bogotá o Cali.

Se colige de lo anterior que lo que igualmente interesa al acometer la gestión del riesgo en una región donde participan diferentes amenazas, cada una con una magnitud probable y un período de retorno, donde por regla general la frecuencia resulta ser inversamente proporcional a su capacidad de daño, es conocer el nivel de riesgo de cada una, en un horizonte temporal homogéneo para irlo mitigando de conformidad con su grado de importancia. Esto es, no se trata de resolver la fragilidad y grado de exposición para el mayor de todos, sino de atender en conjunto aplicando mayores recursos donde el riesgo resulte ser prioritario, hasta donde la eficacia se traduzca en prevención efectiva.