6 de mayo de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Agricultura Orgánica, está rezagada

24 de noviembre de 2010

Da la casualidad que ven a nuestro País como despensa mundial abastecedora de agricultura fresca, en frutas, hortalizas y aromáticas, pero, lamentablemente con el sello de producción orgánica de la cual Colombia en los actuales momentos se encuentra rezagada.
A través de esta columna hemos insistido sobre la urgente necesidad de adoptar medidas y diseñar programas para que nuestros pequeños y medianos productores tomen conciencia de que la producción del futuro está orientada a productos orgánicos, hay que empezar a crearles responsabilidades si es que queremos salir adelante con las exportaciones agroindustriales. Esta iniciativa indudablemente la tiene que tomar el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, mediante el diseño de programas en coordinación con las cadenas productivas y las alianzas estratégicas. Por tal motivo, se hace indispensable asociarlos, para que en conjunto  produzcan los abonos orgánicos con residuos de sus propias fincas, logren otros objetivos comunes y así reduzcan los costos de producción.      
La agricultura orgánica empezó con la Resolución 0005 de Agosto de 1.994, modificada por la 187 de 2006. Lamentablemente el Ministerio se desvió de su objetivo delegando su manejo en la Superintendencia de Industria y Comercio, que mediante Acto Administrativo acreditó a cuatro firmas certificadoras sin mayor experiencia, para que expidieran los respectivos protocolos de calidad a unos costos tan altos que no han estado al alcance de los pequeños y medianos productores. Sin embargo, algunos campesinos deseosos de salir adelante como exportadores, implementaron desde sus parcelas, bajo la orientación de la División de Desarrollo Tecnológico y Protección Sanitaria del Ministerio, al amparo del Conpes 3114 de Abril 21 de 2008, la modalidad de Agricultura Limpia y Ecológica, lo que puede ser considerado como un primer paso para acceder a la Agricultura Orgánica, más no suficiente para obtener el sello de calidad exigido por los comparadores internacionales.
En Colombia, por buenas prácticas de agricultura limpia solamente existen 140.000 hectáreas, y de agricultura ecológica 50.000, lo que es considerado como algo muy pírrico comparado con los rangos de producción en más de quince millones de hectáreas de agricultura generalizada. Sin embargo, existe la posibilidad de que los predios que actualmente tienen este tipo de producción, celebren convenios con firmas internacionales, aceptándoles una norma de tolerancia, con cláusula de compromiso, en el sentido de que las primeras exportaciones se hagan bajo esta modalidad, señalando un plazo prudencial para desarrollar la producción orgánica en el inmediato futuro.
Quienes asistimos a este tipo de seminarios y conferencias nos damos cuenta de la magnitud del negocio que tenemos entre manos, pero, con preocupación vemos que sino rompemos fronteras ofreciendo perspectivas y alternativas, es muy posible que tan bonita oportunidad para generar empleo y regresar a tanto desplazado a sus lugares de origen se nos convierta en toda una frustración.  No olvidemos que para lograrlo se requiere que en el Ministerio de Agricultura, se diseñen planes y programas de desarrollo que lleguen directamente a nuestros campesinos, sin necesidad de tanta intermediación que a la larga es la que más perjudica las labores del campo.
Lo más importante es entender que el Estado tiene que acercarse más al sector rural. El campesino de hoy está en capacidad de manejar sus propios recursos, sin necesidad de acudir a los apalancamientos que al final se quedan con buena parte de lo que les aporta el Estado en retribución al adecuado desarrollo de sus arduas faenas.

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