16 de octubre de 2021
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¿Y los campesinos donde están?

13 de octubre de 2010

De otra parte, es un imperativo que antes de entrar a ordenar el Sector Agropecuario en todas sus dimensiones y modalidades, es indispensable hacer una definición Constitucional, concreta y específica, que indique, quién es Campesino en Colombia. Indudablemente que somos cuarenta y cuatro millones de almas, todos en mayor o menor grado emparentados con sus hermosas actividades. Pero, he ahí el dilema, todos quisiéramos serlo, pero muy pocos quieren asumirlas con responsabilidad constante y permanentemente. Los ciudadanos campesinos comprometidos con su oficio en un mayor porcentaje, son más bien pocos.   
Como nos encontramos en la antesala de sacar adelante el sector agropecuario, debemos hacernos serias reflexiones sobre cuales, son las principales falencias que acusan a la Colombia Rural desde hace varias décadas, con la preocupante situación de tener más de cuatro millones de desplazados, casi en un 99% de origen campesino, además de miles de predios cesantes, improductivos, abandonados o en manos de  grupos que operan al margen de la Ley.
Considero que si queremos, iniciar un proceso de productividad agropecuaria, con la restitución de tierras a sus legítimos dueños, y el encausamiento de los procesos de desarrollo rural con los verdaderos actores de sector; no podemos empezar a construir este futuro sobre bases falsas e inciertas. Al campesino y a sus labores, hay que darles consistencia y perdurabilidad jurídica, para que en adelante sepan a qué atenerse con su desempeño, señalándoles con precisión cuales, son sus deberes, derechos y obligaciones. Esta decisiones no deben ser políticas de Gobierno, deben ser políticas de Estado.
Ser campesino en Colombia es sumamente fácil, basta con decirlo. Son innumerables los casos de personas que estando en las áreas urbanas, regresan al sector rural en pos de lucrarse indebidamente de algún proyecto de ayuda o beneficio estructurado por el Estado, tal cual ocurrió con: Agro ingreso seguro. “AIS”. Por eso, siempre hemos insistido, que el campesino raso, el de azadón, mulera, canasto y guincho, es el que menos se beneficia con los subsidios y créditos blandos que otorga el Gobierno, para impulsar su desarrollo, porque, lamentablemente caen en manos de los intermediarios quienes los manejan a su acomodo.
¿Será que después de doscientos años de vida Republicana, no existe una definición para que el campesino denuncie sus derechos, deberes y obligaciones? ¿Será esta la razón por la cual nuestros trabajadores del agro, no saben de, donde vienen, como están, ni para donde, van? Si revisamos las Constituciones que nos han regido a través de todos los tiempos, nos damos cuenta que nuestros legisladores, no han tenido en cuenta para nada la Colombia Rural, solo se acuerdan de ella, en épocas de elecciones, para irse a las plazas públicas a ablandarlos con discursos de promesas incumplidas.    
La Piedra Angular de toda profesión o actividad por ínfima que sea, está soportada por una definición concreta y semántica, que tiene por objeto, señalar su punto de partida y establecer los ejes fundamentales para su desarrollo, como son: misión y visión.
Sin que exista identidad clara entre el sujeto y el objeto, no se podrían aplicar los dos principios fundamentales antes señalados. Caso contrario, toda profesión o actividad, termina perdiéndose en los laberintos de las incertidumbres y las dificultades; los códigos y normas que las rigen jamás tendrán validez en el tiempo y en el espacio. Todo lo que se construya, será sobre bases falsas que terminan derrumbándose como castillos de naipes.   
Lamentablemente, esto es lo que ha ocurrido en Colombia con el manejo del sector agropecuario, no existe ninguna definición, ni tampoco identidad con sus parcelas. Por esta razón, tanto recursos naturales como humanos  terminan desviados de sus objetivos específicos, con los resultados adversos que todos conocemos. No existe mayor frustración para un mediano o pequeño productor rural, que para concederle algún auxilio o préstamo, lo obligan a trabajar en menesteres que no corresponden a su identidad y al dominio de su parcela.
La forma más adecuada de lograr proyectos productivos entre pequeños y medianos  productores, es encausándolos a través de las Cadenas Productivas y Alianzas Estratégicas, donde están contemplados todos los pasos que se deben seguir, desde la definición misma del proyecto, hasta los beneficiarios con sus consecuentes resultados. Bien aplicados estos dos principios, no hay ninguna razón para que el proyecto fracase, se lograrán inventarios muy positivos para las partes involucradas: Estado; Pequeño y Mediano Productor.

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