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Premio Nobel Vargas Llosa estuvo en un Festival de Teatro en Manizales

7 de octubre de 2010
7 de octubre de 2010

mario vargas

Por JOSE MIGUEL ALZATE 

Como invitado especial del Festival Internacional de Teatro llega esta semana a Manizales el reconocido novelista peruano Mario Vargas Llosa. Y esta visita, honrosa para la capital caldense, motiva estas líneas de bienvenida. Porque el autor de “La Ciudad y los perros” es en este momento, con García Márquez, una de las figuras más relevantes de la literatura latinoamericana. Fallecidos Julio Cortázar y Miguel Angel Asturias, son los dos escritores que llevan sobre sus hombros la responsabilidad de mantener en alto el prestigio de las letras de esta parte del continente en el contexto mundial. Todo porque Guillermo Cabrera Infante  y Carlos Fuentes, que son los últimos sobrevivientes del famoso Boom latinoamericano de las letras, no nacieron en la parte sur de este continente. De otro lado, José Lezama Lima y José Donoso, los otros dos integrantes, ya fallecieron. Así las cosas, Vargas Llosa y García Márquez son los únicos sobrevivientes de una pléyade de escritores que universalizaron nuestra literatura, dándole proyección mundial. En consecuencia, esta visita es la oportunidad que tienen los lectores de Manizales para estar frente al escritor, para preguntarle sobre su temática, para cuestionarle su beligerancia política.
      Desde la publicación de su primera novela, “La Casa verde”, en 1965, el nombre del escritor peruano empezó a brillar con fuerza en el firmamento literario de América Latina. Después vinieron otros títulos que confirmaron su calidad literaria. “Conversación en la catedral”,  publicada en 1967, el mismo año en que salió a la luz pública “Cien años de soledad”, mostró a un novelista más profesional en el aspecto técnico, sin superar temáticamente su primera novela. “Pantaleón y las visitadoras”, su libro posterior, publicado en 1973, mostró a un Vargas Llosa ya maestro en el manejo de los diálogos. Pero dos años antes había escrito un libro inmenso sobre Gabriel García Márquez. En efecto, “Historia de un deicidio”, que fue su tesis de grado en la Universidad Complutense de Madrid, dio a conocer a un Vargas Llosa analista literario. Faceta ésta que se reafirmó con la publicación, en 1975, de su libro “La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary”. Como Borges, el autor nacido en Arequipa ha sido, además, un ensayista inmenso. Su libro “Cartas a un joven novelista” muestra no solamente a un escritor fornido sino, sobre todo, a un autor que conoce mucho de preceptiva literaria, de manejo de narradores, de dominio de técnicas narrativas.
      La presencia en Manizales de Mario Vargas Llosa es un acontecimiento cultural de primer orden. Pocas veces pasa por estas tierras una estrella literaria de tantas campanillas. El solo hecho de haber obtenido en 1986 el Premio Príncipe de Asturias confirma su importancia en el mundo de las letras. Como si esto fuera poco, en 1994 obtuvo el Premio Cervantes de literatura y en 1974 el Premio Rómulo Gallegos. Pero continúa siendo el más firme aspirante al Nóbel. De no mediar en su otorgamiento intereses políticos, este año debe ser el ganador. Ojalá no le suceda lo mismo que a Borges, que murió esperando este galardón. Su presencia, pues, en Manizales, es un hecho que es necesario destacar. Porque le devuelve a la capital caldense ese título de meridiano intelectual que alguna vez tuvo. Y que se confirmó en años anteriores, cuando la ciudad fue visitada por figuras de la talla de Pablo Neruda, de Ernesto Sábato y de Miguel Angel Asturias. En todo caso, hay que recibir a Vargas Llosa con los brazos abiertos. No importa que su amistad con nuestro Nóbel ya no sea la misma de antes. Bienvenido a esta tierra, maestro. Aquí usted sembró, desde hace muchos años, la semilla de su talento.