17 de octubre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Mercaderes de la educación

14 de octubre de 2010

Hace algunos meses, y a través de esta revista, les contaba las hazañas prodigiosas de los mercaderes de la religión, y mencionaba a uno de tantos, como el Señor Macedo, líder en “ventas de tiquetes para asegurar un cupo en el cielo”.

Si bien es cierto que uno debe ganarse la vida “con el sudor de la frente”, y este hecho de que los mortales tenemos que camellar duro para poder lograrlo, se le debe en parte al sinvergüenza de Adán, que por dejarse tentar  como vulgar gallina ponedora, se tragó la manzana.  El Señor  ya lo había advertido  de que, si desobedecía  la orden, tendría que coger sus corotos y largarse a otro sitio, pagar arriendo, hacer mercado, pagar colegios, y, lo más duro, comprarle los chiros a la casquivana de Eva, así que se metió en camisa de once varas y, al manducarse el “fruto prohibido”, nos dejó ese sino como herencia.

El hecho de adquirir una profesión o algún oficio, y desempeñarlo con honestidad y transparencia, no está en contra de ningún principio ético o moral. El asunto viene cuando ese profesional y ese artesano quieren llenar sus bolsillos a expensas de quienes utilizan sus servicios.

La medicina es un campo ideal para pasarse por la faja el juramento Hipocrático o, mejor,  el juramento “hipócrita”, pues ese abnegado servidor de la humanidad, que tiende la mano a su paciente, pobre y enfermo, no es para ayudarlo a levantarse, sino para buscar la mejor posición para “tumbarlo”.

Los mercaderes de la Medicina, El Derecho, que mejor debería llamarse “torcido”, amén de tantas profesiones que existen, hace rato pasaron a ser explotadores, mercaderes descarados, que, por desgracia, hacen y deshacen sin que pase nada.

En el sector educativo, y esto no es ninguna noticia nueva, pasa lo mismo, pues  los dueños de centros educativos, salvo algunas excepciones, se lucran de una manera descarada, bajo la mirada daltónica de quienes deben velar por los intereses de la comunidad, pues es bien sabido también  que en los colegios privados, no en todos, se cae en un abuso increíble.

De entrada, para solicitar el ingreso de un joven a un centro privado de educación, lo primero que se debe comprar es el “formulario de admisión”, cuyo precio oscila entre los 20 y los 50 mil pesos. Este papel es una fotocopia de miles que tienen disponibles, y cuya función, por irrisoria, disimula el atraco, pues el aspirante consigna allí sus datos personales, y tanto aspirante como “paganini”, o sea, el padre o acudiente, estampan su firma.

En las observaciones del formulario reza esta lapidaria consigna: “EL PLANTEL SE RESERVA EL DERECHO DE ADMISION” , y en caso de no ser aceptado el aspirante, ese dinero no es reembolsable.
Punto para el plantel.

Pero si se gana el baloto y lo reciben, le entregan otro papel, que sofisticadamente llaman “INSTRUCTIVO DE ACEPTACION”, donde, palabra más, palabra menos, dice: En caso que decida emprender la odisea de matricular a la criatura se llenaran los siguientes requisitos:

A-Fotocopia autenticada de las dos últimas declaraciones de renta
B-Fotocopias autenticadas de los últimos seis extractos bancarios
C-Tres referencias comerciales
D-Dos referencias familiares
E-Dos referencias no familiares.
F- Registro Civil, reciente
G-Solicitar el formulario del bono de ingreso (esta cantidad, en caso de retiro, muerte, secuestro o expulsión del interesado, no será reembolsable)

Esta modalidad de los Bonos también ha venido haciéndose con la complicidad de las autoridades incompetentes de Educación,  y, en parte, la mayor culpa está en las respectivas Secretarias que dan el certificado de tarifas y el porcentaje anual de alzas.

Pero el menú sigue, pues el Colegio tiene una flotilla de buses, o propios o alquilados, y por el derecho de recoger al párvulo en las mañanas y devolverlo sano y salvo en las tardes, debe sufragar una tarifa parecida a un tiquete  Bogotá- Moscú.

El chino que va a ingresar siente hambre, por supuesto. Pero eso no es problema, pues hay dos opciones: o lleva una lonchera que se torna  inmamable  para los padres después de seis meses de estarla surtiendo, y del rechazo sistemático del chico a consumir chatarra, que termina vendiendo, cambiando, o tirando al carajo el contenido de la caja o lonchera. O acepta el ofrecimiento que le hace el plantel, muy preocupado por sus pupilos: un almuerzo enriquecido con micronutrientes, abundante proteína, energizantes, pocos lípidos, y sacáridos no saturados, plato que se paga caro, pues por concepto de este golpe, más el de algún refrigerio, bien podría uno almorzar una semana en el Hilton.

Pero se llega el día tan anhelado, y es el que le han fijado para la matrícula, día feliz e inolvidable para la familia que acude emocionada a conocer el plantel, tan considerado y tan honesto. El único que tiene cara de Bulldog recién purgado es el taita o quien haga sus veces (El, o La amante suelen no asistir al ritual por obvias razones).

Saquemos ya el atorado:

Matricula——–$ 800.000.00
Primer mes de Pensión: $800.000.00
Bono “VOLUNTARIO”: $4.000.000(cuatro millones)
Transporte mensual, ¡ojo!: (mes de “20 días”) $ 400.000.00
Almuerzo (no obliga): $280.000.00
Asociación de Padres de familia (Obliga): $400.000.00
Seguro de Vida (obliga pero no garantiza supervivencia): $150.000.00
Seguros Médicos (no obliga pero se recomienda): $130.000.00
Cuota de mantenimiento de útiles y enseres: $ 100.000.00
Seis fotos a color con fondo blanco (por si hay libación) de 6X4
Carnet estudiantil (obliga): $15.000.00

Uniformes:

a-De uso diario(obliga y el colegio lo vende): $190.000.00
b-De gala, para fiestas, visita del Monseñor, salidas a Museos, Parques, etc.: $250.000.00
c- Para Gimnasia”: (Obliga porque “mente sana en cuerpo sano”)
d-2 Sudaderas: $260.000.00
e-Estampado de logo del colegio (obliga para no confundirse con el logo del D.A.S.): 50.000.00
HECHO ESTO, LE ENTREGAN TRES HOJAS TAMAÑO OFICIO CON LA LISTA DE LIBROS Y ENSERES.
NB. Acabo de recibir el aviso, nada agradable, de que el padre, una vez hecho el pago sufrió un infarto, y salgo ya para el policlínico.
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