16 de octubre de 2021
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La Papelera de Reciclaje

26 de octubre de 2010
26 de octubre de 2010

Por si acaso,  don Alberto cargaba mecato de reserva en los hondos bolsillos de su gabardina.

Los amigos más íntimos del gordo benévolo decían que a este le gustaba más la comida que el poder. Y que entre una urna repleta de votos y una bandeja paisa de tres pisos, se quedaba con el suculento plato montañero.

Los ex presidentes. La más inteligente definición del exclusivo Club de los ex presidentes de la República, la dio, en su momento, el consumado escritor Enrique Caballero Escovar, en su libro ‘Historia Económica de Colombia’.

Al notable columnista nacido en Bogotá en 1910 (que no le gustaba su apellido materno con la B que sube) le bastaron treinta palabras para intranquilizar a los malquerientes de los ex mandatarios vigentes.  Leamos:

“En Colombia no es difícil amarrar a un Presidente, pero no se debe jugar con el poder de los ex presidentes. Son infinitamente más peligrosos, porque no tienen período fijo”… (Ni fecha de vencimiento, agregamos nosotros).

El Pascual de Vargas. Este delicioso episodio corresponde a la remota época en la que Mario Vargas Llosa era, en sus mocedades universitarias,  jefe de noticias de la cadena Radioprogramas del Perú, en Lima, y lo hemos tomado de ‘La Tía Julia y el Escribidor’, exitosa novela publicada en 1977 por el Nobel de literatura modelo 2010:      

“En mi altillo de Panamericana, encontré a Pascual con el boletín de las nueve listo. Comenzaba con una de esas noticias que le gustaban tanto. La había copiado de "La Crónica", enriqueciéndola con adjetivos de su propio acervo: "En el proceloso mar de las Antillas, se hundió anoche el carguero panameño 'Shark', pereciendo sus ocho tripulantes, ahogados y masticados por los tiburones que infestan el susodicho mar". Cambié "masticados" por "devorados" y suprimí "proceloso" y "susodicho" antes de darle el visto bueno. No se enojó, porque Pascual no se enojaba nunca, pero dejó sentada su protesta:

    -Este don Mario, siempre jodiéndome el estilo”.

‘Aquí estoy y aquí me quedo’. Como entre cielo y tierra no hay nada oculto, años después se vino a saber que no fue de la autoría de Ernesto Samper una de las frases más famosas pronunciadas durante su cuatrienio de angustias presidenciales. Salió del magín del presidente paisa Carlos E. Restrepo el 6 de septiembre de 1911, en un lacónico mensaje que dirigió a un puñado de copartidarios republicanos para tranquilizarlos porque temían que renunciara y se separara del poder. Reconocido artista en la confección de telegramas, Restrepo les dijo en pocas palabras: “Refiérome carta primero. Será el caso de repetir: aquí estoy aquí me quedo. Agradecido. C.E. Restrepo”.

Humor a la Valenciana. Esta anécdota le faltó al libro “Tiros de Guillermo León”, en el que los periodistas caucanos Juan Carlos Iragorri y Julián Mosquera recogieron los mejores chispazos del Presidente Valencia:

Una helada mañana que no parecía sabanera sino siberiana encabezaba el doctor Valencia un acto al aire libre en una de las unidades militares de Bogotá. El frío de perros que se abatía sobre la ciudad calaba los huesos y ponía a tiritar a los asistentes, entre los cuales figuraban cinco generales de la república. De pronto, el periodista Daladier Osorio le comentó al Mandatario: ¡Qué frío tan impresionante, señor Presidente!  El Hidalgo de Paletará respondió al instante: “Lo extraño es que aquí, con tantos soles juntos, se sienta tanto frío”.

La apostilla: Con cierta dosis de mala leche, en Bogotá se decía que lo que le causó la muerte al mariscal Alzate, en el posoperatorio, fue una bandeja paisa que le llevó a la  clínica Marly su redactor Alberto Giraldo, “El Loco”, a escondidas de los médicos y de doña Yolanda Ronga.