19 de agosto de 2022
Directores
Evelio Giraldo Ospina
Juan Sebastián Giraldo Gutiérrez

La legalización de la droga

30 de octubre de 2010

Existen diferentes drogas y sobre todo diferentes categorías de las mismas, tanto en cuanto a su uso como a su peligrosidad. Se habla de las ‘blandas’ y de las ‘duras’ pero las distinciones deben ir más allá: unas son desarrolladas para el mundo de la drogadicción propiamente (vicio, dependencia, delincuencia, etc.) y requieren de procesos tecnológicos complementarios (heroína, cocaína, LSD, etc.) otras tienen origen en tradiciones culturales y su uso es parte de las costumbres recreativas sociales (coca, marihuana, alcohol). Se puede discutir mucho sobre las características de unas y otras, pero lo importante es diferenciarlas y renunciar a ese enfoque de ‘tolerancia cero’ que confunde a todas en una sola categoría.

Penalización, criminalización y legalización son conceptos de significado diferente. Una cosa es el permiso absoluto, otra cosa la prohibición que lleva a una posible sanción sin que se considere delito o crimen (por ejemplo, que sea solo una contravención sujeta a multa) y otra el tratamiento de criminal. El término apropiado y la política más conveniente pareciera ser la regulación, es decir, un manejo similar al alcohol, que pone condiciones para su consumo, se busca su reducción mediante medidas económicas –impuestos que además financian esas políticas- y se establece como delito con cárcel en algunas condiciones (como manejar después de consumir cierta cantidad).

No es lo mismo hablar de la dosis y el consumo personal que del tráfico. Referirse a lo primero es más del mundo de una víctima –inicialmente de quien lo empezó y después de una enfermedad como puede ser la adicción- mientras lo segundo trata de un elemento antisocial no solo respecto a quien es explotado, sino en su relación con el conjunto de la sociedad.

Lo paradójico es que la ‘cumbre de Tuxla’ en lugar de aprovechar el momento, el tema (la droga blanda por excelencia y la más inocua de ellas) y lo que pesa el sitio del referendo (donde, con el pretexto del uso medicinal, ya existe de facto esa libertad, el primer productor del mundo, el Estado más grande de los Estados Unidos, quien a su turno es promotor de la políticas y de los tratados internacionales sobre drogas) no ha producido ninguno de estos análisis, sino, por el contrario, una posición cuasi unánime de no entrar de ninguna manera en ellos. Llegando a prescindir de los temas principales como serían: el resultado más que reconocido del fracaso de tal política; el de dónde se genera el problema –o sea el consumo (desplegando el argumento de la ‘corresponsabilidad’, pero para que se mantenga esa política que como lo repiten somos nosotros quienes la pagamos en costos y en sangre) o el de cuáles o de quiénes son los intereses involucrados (el presidente Santos se queja de que nos tocaría encarcelar aquí a quienes hagan lo mismo pero allá no serían sancionados, sin contar el absurdo de que correspondería a una política que desde allá se impone y no por una decisión nacida de nosotros y en defensa de nuestros intereses).El Heraldo.