18 de octubre de 2021
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La guerra de las monedas puede amenazar la reactivación global

17 de octubre de 2010
17 de octubre de 2010

The Economist compartió esta opinión sosteniendo que "el mundo estaría mejor servido" si se "recalibran las políticas económicas", lo cual incluye que los países ricos avancen cuidadosamente en la consolidación fiscal y las economías emergentes permitan que sus monedas se aprecien más".

Esta corriente de opinión remite, implícita y en algunos casos explícitamente, a la ola de devaluaciones competitivas de los años treinta, en la cual Estados Unidos tuvo una participación destacada, y que tuvo efectos desastrosos para la economía mundial en depresión.

Desde otra vereda, el ministro de Hacienda brasileño, Guido Mantega, también sostuvo que "estamos en una guerra cambiaria internacional", pero acusó a las potencias centrales de querer debilitar sus monedas para minar la competitividad brasileña.

Bien mirado, el escenario se parece más al descripto por Mantega que al de los representantes de los países centrales: actualmente no hay devaluaciones competitivas sino intentos de varios gobiernos de evitar una mayor revaluación de sus monedas para no perder competitividad.

Este mes, el yen llegó a su máxima valuación con relación al dólar desde 1995; el euro está más barato que hace un año, pero en los últimos seis meses se revaluó casi un 10% en relación con el dólar. En el último año, el won coreano se revaluó un 3%; la rupia india, un 4%; el renminbi chino, un 2,6% y el real, 7% (Currency Converter de The Economist La escalada discursiva se explica, en primer lugar, por el interés de Estados Unidos de devaluar su propia moneda frente a sus socios comerciales, lo cual, como el dólar no puede devaluarse con relación a sí mismo, requiere una revaluación de las monedas ajenas.

En segundo lugar, por la resistencia de países como China y Brasil a tolerar una mayor apreciación de sus monedas, movimiento que puede afectar su frente externo y su ritmo de crecimiento. En el caso de China, el peligro externo no es grande porque tiene un elevado superávit en cuenta corriente, pero Brasil lo tiene en la zona roja desde hace más de dos años.

A esto se suma el dilema cambiario de la eurozona y las sombras que proyecta sobre la solidez del euro (ver "Eurolandia …").

Los movimientos cambiarios se deben a factores reales, como los desequilibrios entre balances de cuenta corriente de las principales economías, y a la fuerza que tienen las grandes corrientes de capital para mover a las divisas por encima o por debajo de lo que debería determinar la economía real.

Desequilibrios y tipo de cambio Estados Unidos tiene, desde la década del setenta, una historia de déficit en cuenta corriente que pudo financiar por detentar el "exorbitante privilegio", como lo llamara Charles De Gaulle, de emitir su propia moneda.

En los años previos a la crisis ese déficit había bajado, pero luego aumentó hasta un 3,4% del PBI, lo que representa más de la mitad de los déficits acumulados en todo el mundo.

En la vereda de enfrente, China tiene un superávit de 2,2% del PBI; Alemania, del 4,7%; Japón, 3% y Corea del Sur, 4%. Pero en la lista de los "enemigos cambiarios" está también Brasil, con un déficit de cuenta corriente del 1,5% de su PBI, lo cual, desde el punto de vista de la teoría neoclásica, lo habilitaría no sólo para evitar la apreciación de su moneda, sino también para devaluar.

Según esa teoría, en un mercado libre, los déficits en cuenta corriente, deberían dar lugar a un "ajuste natural" consistente en el realineamientos de monedas ­revaluación de los superavitarios y viceversa­ hasta llegar a un equilibrio.

Pero esto no sucede por diversos motivos: uno, porque Estados Unidos puede emitir la moneda de reserva internacional y es considerado un refugio de última instancia para los capitales, aun cuando está en crisis, lo cual le permite sostener en el tiempo déficits elevados.

Otra razón es que los países que tienen grandes ingresos de capital acumulan reservas, reduciendo las presiones para una apreciación de sus monedas que provocaría una mayor salida de divisas por importaciones.

Como sostiene Martin Wolf en el Financial Times (4-10-10), "el ajus- te natural sigue viéndose frustrado por la acumulación de reservas en moneda extranjera. Estas sumas representan una salida de capitales oficiales".

Entre enero de 1999 y julio de 2008, las reservas oficiales mundiales aumentaron de 1,615 billones de dólares a 7,534 billones — un impresionante aumento de 5,918 billones (millones de millones)­.

Este aumento fue, se podría decir, una forma de autoseguro (de los países que acumularon reservas) después de las crisis anteriores.

Un tercer factor es que los ingresos de capital en muchos países tienen lugar por razones financieras. La apreciación de monedas de países emergentes y el temor de que esta tendencia se profundice se debe, precisamente, a un fuerte aumento de los ingresos de capital de esa zona Economia.

El Institute of International Finance (IIF), que reúne a las principales entidades financieras del mundo, calcula que este año los ingresos de capital de los países emergentes aumentarán un 25% y el año próximo un 5%, y la salida será menor que el ingreso, por lo que el grupo aumentará su superávit en cuenta corriente. "Los capitales –dice José María Fanelli, del CEDES– vuelan como aviones uscando donde aterrizar" (iEco 10-10-10).

Los capitales vuelan al mundo emergente, que representa el 40% del PBI mundial, (China, 9%), atraídos por el crecimiento y las oportunidades de inversión real, pero en algunos casos también por las altas tasas de interés que mantienen para contener la inflación, como sucede en Brasil.

En estos casos, la política antiinflacionaria produce un círculo vicioso de atracción de capitales y pérdida de competitividad en los sectores menos basados en recursos primarios que puede conducir a la primarización de las economías. En Brasil, economistas heterodoxos, como Luiz Carlos Bresser Pereira, advierten desde hace años sobre esta amenaza.

Controlando al capital Numerosos países, incluyendo Chile y Colombia en los años noventa, tomaron medidas para desalentar el ingreso de capitales especulativos y combatir la revalorización de la moneda. En estos días los controles y las medidas antirrevaluación se extienden.

China controla su tipo de cambio y cuando lo necesita, utiliza el poderoso caudal de reservas que equivalen al 30% del total mundial.

El Banco Central de Japón acaba de bajar las tasas de interés a casi cero, anunció que las mantendrá en ese nivel y realizó compras de dólares para revaluar su moneda.

El Ministerio de Finanzas nipón advirtió que tomará "medidas decisivas" para frenar la apreciación del yen, incluida la intervención en el mercado cambiario.

Brasil y otros países emergentes, o no tanto, de América Latina y Asia utilizan impuestos a los ingresos de capitales de corto plazo y operaciones de compra de dólares para balancear la corriente de oferta. Estas políticas tienen un costo porque, para contrarrestar la emisión que realizan, deben esterilizar ­reabsorber– parte del dinero lanzado al mercado colocando títulos de deuda por los que deben pagar intereses. Pero el costo de la apreciación es considerado mayor.

Las recetas del "doctor dinero" El Fondo Monetario, y la economía ortodoxa estuvieron generalmente en contra de las medidas contra los capitales de corto plazo. Pero en febrero de este año, en una nota sobre política económica, el organismo financiero sostuvo que los controles sobre ingresos de capital pueden ser convenientes cuando están implementados correctamente con otras políticas.

Y recientemente, durante la reunión anual del FMI, Nicolás Eyzaguirre, director del Departamento del Hemisferio Occidental del organismo y ex ministro de Hacienda de Chile, defendió las medidas para contener los ingresos de capital como instrumento para evitar el recalentamiento de las economías en Sudamérica.

Las presiones para que los países emergentes revalúen sus monedas se debe a que, dados los compromisos asumidos en la Organización Mundial de Comercio (OMC), los países tienen más dificultades para resolver sus problemas externos con lo que en los Estados Unidos del pasado se denominaba "el remedio casero de los republicanos", a saber, el proteccionismo.

No obstante, el remedio –aunque en dosis menores– sigue aplicándose y las dosis pueden aumentar si las medidas antivalorización tienen éxito.

Como muestra gratis, la Cámara de Representantes de Estados Unidos acaba de aprobar una ley por la que se pueden imponer aranceles punitorios a las importaciones desde China. La situación parece seria: desde su habitual columna del Financial Times , Martin Wolf gritó dramáticamente: "¡El mercantilismo vive!".

China suele responder a estas amenazas con su propio proteccionismo encubierto, como lo sabe la Argentina, que sufrió una restricción a sus exportaciones de aceite como contestación a una serie de medidas antidumping aplicadas por el país a productos chinos.

El tema de la supuesta guerra de divisas y de las tensiones comerciales fue planteado en la reciente reunión del FMI y el G-7, pero no se llegó a un acuerdo y se derivó en problema a la reunión del G-20 que se realizará en Seúl en noviembre próximo.

En la política económica internacional, como en otros campos, la alternativa a la cooperación es la guerra, en este caso de divisas o comercial. Y debido a la gravedad de los problemas de las economías como consecuencia de la crisis y al inestable equilibrio de fuerzas en la arena de la economía internacional, las posibilidades de un acuerdo son reducidas (Ver columna) Observando este panorama, el ya citado Martin Wolf se lamenta: "me gustaría ser optimista. Pero no lo soy, es muy poco probable que un mundo con políticas de `empobrecer a tu vecino’ termine bien".