18 de octubre de 2021
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El último tango de un demagogo

31 de octubre de 2010

Estaba en eso cuando la noticia de la muerte del ex presidente argentino Néstor Kirchner se tomo todos los medios de comunicación. “La marihuana tendrá que esperar por el momento”, pensé.

No podía quedarme callado ante tanta hipocresía y sapería. La lagartería, como lo dije en otro artículo, es el nuevo deporte nacional y he descubierto con sorpresa y algo de tranquilidad –pues ya no estamos solos en eso– que el odioso fenómeno ha llegado a otras latitudes. Para comprobar lo anterior, basta con apreciar las manifestaciones hechas por gobernantes de cientos de países y hasta por los mismos contradictores políticos de los Kirchner en la Argentina, sobre la muerte del ex mandatario: para todos, el difunto era poco menos que un santo.

Calificativos como: “Era un gran demócrata”, “la democracia está de luto” o “se nos fue un líder excepcional” no se hicieron esperar y estuvieron a la orden del día, al tiempo que homenajes, banderas a media asta y minutos de silencio marcaron la jornada. La falsedad no podría ser más grande: todos esos dirigentes y la parte pensante del pueblo argentino saben perfectamente que Kirchner fue todo menos un demócrata, y que su paso por el poder estuvo marcado por todo tipo de escándalos de corrupción y abusos.

¿Acaso se puede llamar “demócrata” a un hombre que, durante los 7 años (los 4 de él y los 3 de la mujer) que lleva esa familia pelechando de la presidencia, incrementó su patrimonio en un 800% y ante lo cual jamás dio una sola explicación consistente? ¿Se puede considerar como un adalid de la democracia a un personaje que, haciendo gala del más vulgar nepotismo caudillista, designa a su propia esposa como su sucesora en el poder? Ese “gran líder” al que hoy lloran fue el mismo que recibió oscuros recursos para su primera campaña a la presidencia y término convirtiendo a su chofer en un próspero y exitoso empresario, dueño de una gran fortuna… Eso en Colombia se conoce como testaferrato.

Kirchner era el Presidente en la sombra, el verdadero cerebro o, como dirían los penalistas, el determinador. Su esposa era un instrumento más, del que se valía para llenar sus bolsillos, perseguir a sus contradictores y amordazar a la prensa.

¿También vamos a llorar a los tiranos de Castro y Chávez cuando mueran? Yo sí creo que hay muertos malos.

Lo que no deja de mortificarme es la mentira y la impostura que rodean la política.

La muerte extingue la acción penal, pero no puede evitar el juicio moral de la historia.

La ñapa: y, a propósito de la sapería y la lagartería, ¿será posible que alguien le diga a Juan Lozano que es evidente que, al atacar a los ministros del Interior, de Hacienda, Protección y Educación, está haciendo un mandado? Que nos cuente de quién es mensajero y qué buscan exactamente con boicotear la agenda legislativa y con la campaña de desprestigio contra el gobierno de Santos. El Heraldo.