15 de octubre de 2021
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Orlando Cadavid Correa
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¡POR DIOS¡¿Y DONDE ESTÁ DON ENRIQUE?

10 de septiembre de 2010

En un gobierno como el del presidente ‘Juanma’ que sólo necesitó de escasos ocho días para dejar a màs de uno con la boca abierta, como signo de asombro y admiración, por sus inimaginables y acertadas propuestas, de efecto casi inmediato, para componer situaciones cruciales empantanadas de tiempo atrás, tanto con instituciones internas como externas, perjudiciales al máximo y en todo sentido para el Estado colombiano, son dignas de pleno reconocimiento, sin incurrir en lambonearía  ni corifeos.

Hoy, a un mes de posesionado como Presidente y con un equipo de colaboradores inmediatos de lujo, sobrados en ideas y profesionalismo, y hasta con buena figura corporal, necesaria en la persona que ostente la investidura ministerial, batió con todos los pronósticos de las encuestas en índices superlativos de aceptación ciudadana, nunca antes visto, y arrasó y está llevando al olvido al fetichismo perturbador anterior con su ídolo mesiánico imprescindible.

El gobierno tiene entre manos unos proyectos de ley, ya se han presentado algunos, que buscan reformas sustanciales en la estructura del aparato estatal tales como: reforma judicial; facultades para reestructurar el sector central de la administración pública; ordenamiento territorial y creación del fondo de compensación; ley de víctimas; ley de tierras; reforma al régimen de regalías; reforma al sistema general de salud; ley de estabilidad fiscal; prórroga a las facultades para negociaciones de paz; eliminación de la Comisión de Televisión, y otras de menor monta, pero indispensables para el buen gobierno que se proyecta.

 Las  nuevas políticas en las relaciones diplomáticas del ‘buen vecino’; en el respeto, colaboración y armonía con las otras ramas del Poder Público; en el respeto a los partidos políticos, sobre todo al de oposición ; el ánimo conciliatorio y de concertación; el respeto en general hacia los asociados; la calma y la prudencia; la asepsia en la escogencia de sus ministros, son notorias y lo distan de manera abismal  del pasado gobierno.

Todo lo anterior, le ha deparado el alto índice de aceptación en las encuestas recientes, además, es impresionante el grado de confianza y tranquilidad que irrigó y caló en el pueblo colombiano con su política de Unidad nacional, el cual se debe conservar a toda costa, sin que se menoscabe por situaciones baladíes burocráticas individuales que no le aportan nada positivo a la nación.

El respeto que el presidente ‘Juanma’ ha demostrado hacia sus conciudadanos es el mismo que le debe corresponder a él como persona y como Presidente de los colombianos, por cuanto su investidura encarna toda la autoridad y la unidad nacional, y sus decisiones libres y autónomas que tome en ejercicio de sus funciones constitucionales y legales, deben de ser acatadas y respetadas por todos los asociados.

Pero, lo anterior, no es óbice para manifestar respetuosamente una inconformidad, de pronto con sobrada razón, sobre una determinación para proveer un cargo administrativo de relación de dependencia directa del Presidente, y el cual obedece a una personalísima escogencia del nominador como compensación a un acompañamiento electoral del nominado, aún a costa de su propia ideología y, tal vez, por retaliación con uno que otro copartidario.

La decisión del Presidente ‘Juanma’ de designar al señor Andrés Felipe Arias como embajador en Italia, en reemplazo de don Sabas Pretel de la Vega, quien renunció para poder comparecer al llamamiento a un juicio criminal, no deja de ser desconcertante y desalentador para muchos que estamos creyendo que se avizora y se avecina rápidamente un gobierno de tinte transformador, con un timonel sensato, calmado, conciliador y prudente, y, por sobre todo, distante a cohonestar o a connivencias con situaciones no claras ante la opinión pública.

La mencionada designación trae consigo ciertos riesgos que no debería correr este gobierno que empezó con pie derecho: crea un poco de malestar ciudadano, por estar subjùdice en el caso de Agro Ingreso Seguro; no tiene presentación su designación, ni interna ni externa, por cuanto es una persona que acaba de ser interrogada por un presunto delito y no se le ha resuelto su situación jurídica; reemplaza a otro funcionario enjuiciado; el nombramiento de Arias puede entenderse como fuerza de presión para la administración de justicia; el nombramiento es una burla al pueblo colombiano o se puede entender como irrespeto al gobierno italiano; si mañana le dictan medida de aseguramiento y él está ejerciendo sus funciones como Embajador, no deja de ser un desgaste y una vergüenza para el gobierno colombiano.

Empecé la introducción de este artículo asì, porque quería hacer referencia a una persona que, sin la menor duda, heredó de su abuelo Enrique Santos Montejo, Calibán, todos los “genes” que se pueden trasmitir a la prole. Se trata de Enrique Santos Calderón, hermano mayor del Presidente, y quien por sus condiciones humanas, ponderadas e intelectuales, debe ser el que le habla en la cóclea a ‘Juanma’.
Don Enrique: ¿dónde estaba cuando su hermano designó a Andrés Felipe Arias, embajador en Italia?

Manizales, Septiembre 11 de 2010.