16 de octubre de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

¿Más de lo mismo?

11 de septiembre de 2010

menospreciando todos los efectos negativos ‘colaterales’, y abandonando prácticamente todas los otros aspectos de los problemas de una sociedad en desarrollo (desigualdad, desempleo, exclusión, falta de infraestructura, etc.); una desinstitucionalización que incluye reelecciones originadas en delitos, la vinculación de casi la mitad del Congreso a procesos judiciales con buena parte de ellos ya bajo prisión, el órgano de inteligencia, supuestamente destinado a ayudar a la seguridad del ciudadano, convertido en una ‘empresa criminal’ (como lo concluyó le Fiscalía), y choques de trenes no solo entre las Altas Cortes entre sí, sino padeciendo una guerra abierta- pero además sucia- por parte de la Presidencia; la negación de algo tan evidente como que padecemos un conflicto armado, y un corolario tan lamentable como sostener que no tenemos que seguir los preceptos del Derecho Humanitario. ¿Qué más se puede entregar para lograr el objetivo de ‘ganar la guerra’?

O, cuando como resultado el éxito es ‘el poder andar por las carreteras’ y una supuesta recuperación económica (que depende de factores externos y es inferior a la de todos los países de similares condiciones), pero el eslogan de ‘seguridad democrática’ parece desvanecerse tanto ante la nueva arremetida de la guerrilla (disminuida en efecto en su poder desestabilizador pero por lo mismo más motivada a acciones más terroristas), como por el traslado de la violencia y la delincuencia del campo a la ciudad (al mismo ritmo del de los desplazados de la guerra). ¿Qué sentido se le ve a seguir por ese camino?

O ante el contraste que muestra la aprobación de las políticas y los estilos contrarios a lo sufrido durante ese tiempo, ¿cómo explicarse que los voceros del Gobierno estén sólo presentando alternativas de ‘aún más de lo mismo’?, ¿servirá para algo prohibir por ley la posibilidad de zonas para abrir eventualmente diálogos? o ¿convertir en delincuentes a quienes se ven obligados a pagar extorsiones? o ¿aumentar con 45.000 nuevos efectivos el gasto de las fuerzas armadas, siendo éste ya proporcionalmente tal vez el más alto del mundo?

¿No pensará el presidente Santos que la misma transigencia que se acepta con las justicias transicionales renunciando a la justicia absoluta para lograr una eventual Paz se debe aplicar antes a la ‘política absoluta’ de guerra, y abrir la posibilidad de un camino de transición diferente a la rendición total que nunca parece posible alcanzarse?

¿No podrá aceptarse, como lo dicen todos los expertos en conflictos, que no se puede exigir como punto para iniciar negociaciones lo que se busca como resultado?, ¿por qué no intentar que el reconocimiento de la obligatoriedad del DIH comience aplicándose al intercambio humanitario, y que, tras un acercamiento a través de diálogos, la renuncia al reclutamiento de menores y el abandono del uso de minas quiebrapatas sean etapas en el camino, y no estén necesariamente atados al resultado final de la paz?

Pensemos en la definición de Einstein (y no se necesita ser Einstein para entenderlo): “estupidez es pensar que haciendo lo mismo se logren resultados diferentes”.