7 de mayo de 2021
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La generación actual, ¿estará condenada a seguir enferma?

3 de septiembre de 2010

¡Qué enfermedad irremediable se nos metió! Para la cual, parece que no sirve ninguna vacuna, excepto las que aplican los grupos alzados en armas.  Un prestigioso rector de un colegio neoyorquino, el  Dr. Spencer Brown, trata de darnos algunas luces, que bien vale la pena analizarlas en nuestra tragedia nacional. La actual generación joven, compuesta por quienes han culminado la escuela secundaria y están iniciando carreras universitarias, es, desgraciadamente desdichada, pero lo curioso es que así de atosigada como se encuentra, es de alguna forma virtuosa, y por ello, nosotros los mayores deberíamos hacer algunas revisiones, como, por ejemplo, en nuestro cotidiano vocabulario, nuestro modo de pensar, y yendo más lejos, nuestro valor moral. Además, añadiremos el necesario equilibrio, el sentido común, y, ¿por qué no?, una dosis de buen humor. Los adultos tenemos la tendencia de  creer que las dificultades de los jóvenes son algo que apareció hace muy poco, que es algo nuevo, sabiendo que son tan viejos como la humanidad misma. Lo que sucede es que mutan de generación en generación, con el agravante de que esos cambios son más frecuentes y que para ninguna persona sensata existe la duda de que los jóvenes tengan motivos para sentirse, no sólo mal, sino quizás hasta agraviados, ni llegar a afirmar que los estudiantes universitarios son la clase social que estará camino a ser explotada. Este aspecto, muy discutible, encuadra dentro de los planes de muchos gobiernos de promover el acceso al estudio superior, y que sólo escalando en conocimientos, se eliminarán las injusticias sociales, habrá desarrollo, y este atraerá las inversiones, mejor empleo y grandes oportunidades para los jóvenes. ¿Será cierta tanta belleza?, y ¿será ese el trancón que se logró despejar, cuando los jóvenes universitarios, que cabalgan en “lomos de todos nosotros” salgan, diploma en mano, directo a un trabajo estable y bien remunerado?
Yo aún creo que la universidad sigue siendo elitista ,y que sólo un número privilegiado de colombianos pueden acceder a ella, y con múltiples sacrificios para los que estudian en la universidad oficial, lo que ya de hecho es un cuello de botella para cuando egresen, pues  encontrarán múltiples puertas cerradas en cuanto a la oferta laboral, y no es un secreto que ya por mucho tiempo, las grandes empresas, los monopolios de toda índole, evitan al máximo dar empleo a un joven que se llame  Jhonny Tocarruncho Chitiva, panorama diferente a los egresados de la universidad privada, que en su mayoría son los “hijos de papi” , y deben seguir hereditariamente las huellas de sus padres, también egresados de la élite colombiana.

El actual presidente de los colombianos, en un arranque endemoniado de democracia, nombra como vicepresidente a  Angelino Garzón, hoy con corazón repotenciado. No es que me parezca mala idea, pero ¿será que es la norma o la conveniencia de hacer esos enroques?

No nos llamemos a engaños, eso de decir que hay “que doblar la página y arrancar de cero”, frase acuñada por Santos, en la Quinta de San Pedro, es una señal de política de renovación, de políticas de cambio profundamente estructurales o ¿será que es “meter la cabeza, como el avestruz, en la arena”?  ¿Entonces, toda la estantería denunciada ante la  O.E.A., con mapas, coordenadas, aerofotografias de los campamentos de las F.A.R.C., en territorio venezolano, con la anuencia del  dictadorsuelo Hugo Chávez, forman parte de una tira cómica inventada por el gobierno saliente del señor Uribe? Y ¿qué tal esa soberbia pieza oratoria leída por el Presidente del Senado, señor Benedetti, delante de la comunidad internacional, desvistiendo nuestras intimidades y dejándonos por el suelo?  Está comprobado, que inhalar por mucho tiempo la “Cannabis Sativa” causa serios desórdenes en los hemisferios cerebrales, pues al poco tiempo, el Senador con ínfulas de gamonal de pueblo, se fue de viaje, de buena vecindad, fundiéndose en estrecho abrazo con el monigote veneco, algo inexplicable, pero a lo cual, es mejor no decir nada porque “hay que doblar páginas y páginas” hasta tirarse el libro.

¿Estará enferma esta generación, o somos nosotros los que desentonamos?  O ¿le creemos a las afirmaciones del profesor Brown, cuando dice “a la juventud la explotan sus propias aspiraciones, sus propias contradicciones, así como sus desesperadas pasiones y su destructiva violencia”?
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